La profecía democratizadora

Buscaremos persuadir a que las generaciones maduras de priistas se adhieran a nuestro proyecto y se convenzan que la democratización del PRI es posible si es exigido por la militancia de a pie

Lorena Piñón Rivera / Columna Invitada / Heraldo de México
Lorena Piñón Rivera / Columna Invitada / Heraldo de México

La profecía indica que no hay mayor expresión de la libertad que asumir un compromiso por pura convicción personal. Nadie me obliga ni existe algún tipo de coacción. Mi participación en el proceso interno para elegir a la nueva dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) es una genuina decisión inspirada en lo que, de acuerdo con mi perspectiva, es mi sentido del deber, ante un partido que me ha concedido todas las oportunidades profesionales que he tenido en el servicio público.

Aunque nunca he tenido dudas desde que expresé por primera vez mi interés en ser la próxima presidenta nacional del PRI, hoy lo confirmo de cara a todos los militantes que permanecen a pesar de la peor época que se ha sufrido: voy a competir por la dirigencia nacional del tricolor.

He leído con detenimiento el contenido de la convocatoria y es indudable que cuento con el perfil político y los requisitos legales para obtener en su momento la candidatura por el liderazgo democrático del partido histórico de México.

Pero no es un proyecto que se agota en mi persona, sino que se cimenta en una gran red de militantes que hemos coincidido en muchas tareas políticas a lo largo de todos estos años.

La concepción de PRI de Todos, en la que se basa este movimiento, fue sintetizada en el seno de un grupo de profesionales experimentados de la política que no son mayores de 40 años.

Hay talento, entusiasmo, pluralidad y compromiso en mi equipo de trabajo, y juntos hemos decidido luchar contra el autoritarismo que prevalece en el PRI y vamos con el propósito de que los liderazgos y las candidaturas del partido se definan por métodos democráticos y no con procesos manipulados a conveniencia de una élite.

Si hay algo que la ciudadanía detesta, es la incongruencia de los políticos. Por esta razón, nuestro discurso de renovación partidaria representará con exactitud las inquietudes de una generación a la cual la ética del dinosaurio le es ajena, porque nunca fue nuestra circunstancia el partido único.

Por nuestra edad, somos nativos de la alternancia democrática que provocó la primera gran debacle del PRI, en el 2000; es decir, que nosotros sí sabemos lo que es competir y estamos conscientes de que el PRI debe extirpar los vestigios autoritarios estatutarios y las malas prácticas de la política.

Pero la red de amigos de Lorena y Santos no basta, por ello, como fórmula, buscaremos persuadir a que las generaciones maduras de priistas se adhieran a nuestro proyecto y se convenzan que la democratización del PRI es posible si es exigido por la militancia de a pie.

No pretendemos una purga generacional en el PRI ni la exclusión, más bien esperamos que las visiones obtusas de los que son alérgicos a la democracia no tengan relevancia en nuestros procesos internos. Debe quedarnos claro que los problemas de la democracia sólo pueden resolverse con más democracia.

El dato curioso: después de deliberar durante meses, finalmente se sintetizó el perfil ideal de mi acompañante de fórmula, con base en ello, se hicieron las propuestas y se decidió por fin a quien me acompañará como aspirante a la Secretaría General nacional del PRI. Después de tan importante definición, resulta increíble que ambos hayamos nacido el 27 de enero de 1984.

POR LORENA PIÑÓN RIVERA

*Aspirante a la dirigencia nacional del PRI

@LORENAPIGNON

 

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