La primera crisis

Esta última semana ha sido la peor para el gobierno obradorista, desde el inicio de la nueva administración

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Una de las preguntas ineludibles al principio de un gobierno es cuánto tiempo se extenderá la luna de miel con los ciudadanos que lo votaron para que llegara al poder, y en qué momento empezará a perder popularidad y puntos frente a la inevitabilidad de los conflictos y el desgaste inherentes al ejercicio de gobernar.

El presidente Andrés Manuel López Obrador parece haber llegado al mismo tiempo a estas dos escalas complejas e inevitables en el gobierno.

Esta última semana ha sido la peor para el gobierno obradorista, desde el inicio de la nueva administración el 1 de diciembre del año pasado.

Al aumento de la inseguridad, la violencia y los asesinatos, en las estadísticas y en la percepción pública se sumó la emergencia ambiental en la Ciudad de México, que desnudó en el nuevo gobierno, como en el pasado, la ausencia de protocolos y de una política pública integral y eficaz para hacer frente a este delicado tema que involucra la salud de los habitantes de la CDMX.

La primera crisis del gobierno no fue la escasez de combustibles por la ofensiva oficial contra el huachicol, tampoco la explosión en Tlahuelilpan, que mató a más de cien personas que recogían gasolina de un ducto picado, ni antes la cancelación del aeropuerto de Texcoco o el anuncio de uno nuevo en Santa Lucía, con el elefante en medio de la sala representado por un cerro que nadie vio en el lugar elegido por AMLO.

La razón por la que no estalló una crisis en cada uno de esos episodios es que el gobierno contó indiscutiblemente con el respaldo popular mayoritario, aunque en medio hubiera argumentos y elementos que ponían en duda que a cada una de esas decisiones se hubiera llegado con el soporte técnico y financiero necesario para tomarlas.

Una de esas encuestas de consulta Mitofsky, muestra una caída de 64.6 a 61.3 por ciento, que no es significativa, pero sí es simbólica, en la calificación del presidente López Obrador.

En los sondeos por género, la aprobación en los hombres disminuyó de 63.2 por ciento a 60.1 por ciento y la desaprobación aumentó de 36.2 por ciento a 39.9 por ciento, mientras entre las mujeres la aprobación creció de 60.2 a 62.4 y la desaprobación disminuyó de 39.5 a 37.2.

El respaldo al presidente creció entre los jóvenes de 18 a 29 años, de 71.1 a 75.4; entre los ciudadanos de 30 a 49 años se registra el dato más notable, al caer la aprobación de 63.2 a 58.3 por ciento, en tanto que la valoración negativa creció cinco puntos.

Entre las personas de 50 o más años el ejercicio se cierra más: 52.2 por ciento aprueba y 47.8 por ciento lo reprueba.

Llaman la atención dos circunstancias opuestas: que el presidente Andres Manuel López Obrador haya alcanzado una aprobación histórica de 8 de cada diez ciudadanos, y también que en un tiempo récord, cuando otros presidentes apenas disfrutaban las mieles del poder, López Obrador haya empezado a perder puntos en sectores que lo llevaron a la Presidencia.

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@WILBERTTORRE

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