La prensa y los políticos en EU

Cuando las imágenes son poderosas y emocionales anulan, si no cancelan completamente, el sonido

La prensa y los políticos en EU

 

En los años 80 hubo pocos críticos más severos de la Casa Blanca de Ronald Reagan que Lesley Stahl, una reportera de la cadena CBS que al escribir un libro sobre sus experiencias expuso lo que hoy se llama la parábola Stahl sobre la relación de los medios con los políticos.

En 1984, Stahl había producido un amplio reportaje en el que buscaba documentar las contradicciones entre lo que Reagan decía y lo que hacía.

Lo mostró cuando hablaba ante deportistas discapacitados y en un asilo de ancianos, mientras recortaba fondos para educación especial para niños y se oponía a la financiación para la salud pública. Stahl contaba que al día siguiente estaba incluso temerosa de represalias, cuando recibió una llamada de Richard Darman, uno de los asistentes políticos del presidente Reagan, para agradecer el reportaje.

Qué gran pieza. Nos encantó dijo Darman, de acuerdo con el libro Reporting Live (Reportando en vivo), de Stahl. La reportera recuerda que respondió: ¿No oíste lo que dije?.

El comentario de Darman es citado como ejemplo de lo que ocurría con un Presidente y un gobierno adeptos al manejo de imagen y la televisión: Nadie escuchó lo que dijiste.

Asombrada, Stahl pidió aclaración.Ustedes en Telelandia no se han dado cuenta, ¿verdad?

Cuando las imágenes son poderosas y emocionales anulan, si no cancelan completamente, el sonido. Lo digo en serio, Lesley. Nadie te escuchó.Stahl recordó que su informe había sido acompañado por imágenes en general optimistas patrióticas, con Reagan ante un fondo de banderas estadounidenses o personas sonrientes. Según los puntos de Darman, las imágenes registraban más con los espectadores que cualquier cosa que Stahl dijera.

Si hubiera semejanza con los que se ve ahora, sería algo más que coincidencia.

Después de todo, hay un Presidente que busca apropiarse de los símbolos patrióticos o se plantea como su defensor frente a medios informativos tradicionalmente críticos pero impopulares, a los que define como mentirosos o hipócritas mientras se proclama como dueño único de la verdad.

Cierto que la credibilidad del presidente Donald Trump esta básicamente constreñida a sus seguidores, en lo que resulta un acto de fe y de apoyo ideológico.

Pero el hecho es que no sólo tiene lo que los politólogos estadounidenses definen como el bully pulpit (el púlpito del bravucón) de la Presidencia sino una cuenta de twitter que llega a millones de personas y es reproducida miles de veces.

Y la prensa estadounidense, ansiosa de lectores y audiencia mientras se presenta como contrapeso del poder sirvió durante la campaña electoral y ahora, voluntariamente, como cámara de resonancia para las afirmaciones de Trump. Como Lesley Stahl y telelandia en los años ochenta.

 

POR JOSÉ CARREÑO

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