La polarización ya no le funciona

Entre la pandemia del COVID-19 y la recesión económica interna y global, el instrumento de división y generación de caos e incertidumbre se le desactivó a Andrés Manuel López Obrador

Ricardo Pascoe / Mirando al otro lado / El Heraldo de México

La polarización político-social es una táctica oportunista utilizada en tiempos de normalidad democrática

Divide a la sociedad y genera angustia de insuficiencia al imaginario popular con simbolismos simplistas para generar movimientos de gran adversidad. 

La polarización que genera caos y confusión les permite a sus líderes acceder al poder con sorprendente facilidad. 

Movilizan los miedos y terrores ocultos de la sociedad para generar un consenso aterrorizado en su alrededor. 

Los líderes que acceden al poder utilizando la carta de la polarización descubren una regla básica sorprendente: una vez instalados en el poder político no pueden dejar de polarizar, so pena de perder el control sobre sus seguidores. 

Descubren que la polarización, por sí sola, no es instrumento suficiente para mantener su proyecto en el poder. 

Deben hacerse de novedosos y más potentes instrumentos para sostenerse en el poder.

Una vez instalados en él, empiezan a mover las piezas para construir otro sistema de dominio político, destruyendo las instituciones tradicionales de la democracia representativa, con el fin de evitar ser despojados de la nueva posición.

Atacan al Estado de Derecho, la separación de poderes, los organismos autónomos, la oposición, la prensa, la sociedad civil y casi cualquier cosa que se mueve que no pueden dominar.

Para lograr ese control, requieren de la polarización para justificar acciones que buscan destruir las instituciones de la democracia representativa y liberal. 

Llegaron al poder acusando al viejo régimen de corrupto y antidemocrático, entre otras cosas. 

Ahora acusan a las instituciones democráticas de ser las promotoras de la corrupción que se dio y, por tanto, deben desaparecer.

El discurso polarizador contra la corrupción es pretexto para cancelar los mecanismos democráticos en la sociedad moderna. Insiste que es necesario destruir los órganos del Estado democrático y liberal para sustituirlos por algo nuevo bajo el control y mando del actual estatus gubernamental.

El gobierno que polariza agita a sus fieles para que piensen que destruyendo los órganos de un Estado democrático se logrará eliminar su sentimiento de frustración y enojo con el estado actual de cosas, incluyendo la desigualdad social.

Todos estos conceptos, estrategias y tácticas de polarización son las que ha aplicado Andrés Manuel López Obrador en México. 

Durante 18 años, él aseguró que era una ruptura con el pasado corrupto. 

Ya instalado en el poder, y enfrentado a la realidad de la gestión gubernamental, considera que el mayor obstáculo para obtener los resultados que quiere son las instituciones democráticas que el país ha construido durante años, especialmente los contrapesos, que le resultan particularmente perniciosos. 

López Obrador decidió que había que destruir esas instituciones para poder, finalmente, ser el gran maestro de obras del nuevo México. 

Y para legitimar esa hazaña destructora, debía desacreditar todo lo previamente existente, aunque no tuviera oferta para el relevo, excepto vagos mitos como petróleo, pasado glorioso, raza de bronce. 

Se lanzó de nuevo a la tarea de la polarización, considerado por él como el mejor instrumento para desacreditar a las instituciones que lo estorban. 

Habrá razonado que si la polarización le funcionó durante 18 años y le permitió ganar  la Presidencia de la República, ¿por qué no seguir la misma ruta como instrumento para gobernar? 

Desde el poder, con la bocina de la conferencia mañanera, no hay día que desperdicie para atacar a algún enemigo, real o imaginario. 

La polarización tiene varios objetivos precisos: mantener a los fieles en pie de lucha, confundir temas públicos con asuntos políticos, aunque no tengan nada que ver y, principalmente, avanzar la agenda del desmontaje de las instituciones democráticas. Y todo con la intención de perpetuarse en el poder.

La polarización estaba funcionando hasta que le alcanzó la realidad. Y entonces dejó de funcionar. 

Entre la pandemia del COVID-19 y la recesión económica interna y global, su proyecto de gobierno se frenó de golpe. Su reforma al sistema de salud, que apenas empieza, simplemente se descarriló por completo, pues no tiene la capacidad de enfrentar la realidad de la pandemia, mostrando el error de su gobierno. 

La economía tiene previsto un crecimiento negativo de 5 por ciento este año, en el mejor de los casos. 

Es decir, México corre apresuradamente a la bancarrota, sin salvavidas. 

Las obras proyectadas perdieron viabilidad, si es que algún día la tuvieron, mostrando el error de su gobierno.

La polarización como instrumento político útil se acabó y ahora trabaja en contra del Presidente

Sus números de popularidad se deslizan hacia abajo, igual que la percepción pública de su manejo de la pandemia y la economía. Instaló la incompetencia como marca de su gobierno y lo que viene: la corrupción de funcionarios públicos, que ven con pánico cómo el barco se hunde.       

Ni la polarización le funciona.

POR RICARDO PASCOE

RICARDOPASCOE@HOTMAIL.COM

@RPASCOEP

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