La perredización de Morena

Entre tribus y grupos sin más coincidencia, los enfrentamientos escalan

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

El partido se ha partido. Morena camina rápidamente a convertirse en la nueva versión del PRD, su antecedente partidista más inmediato. Entre tribus y grupos que confluyen sin más coincidencia que el poder y quien lo ejerce -el presidente López Obrador-; los enfrentamientos escalan en diferentes frentes. Las cámaras, el gabinete presidencial y el partido, son escenario de choques y golpes por arriba y debajo de la mesa. AMLO es el pegamento. Lo único que los cohesiona es el poder ganado en las urnas. Al interior hay divergencias ideológicas, de intereses, de forma y método.

Está claro que la verticalidad es cosa de otros partidos –marcadamente el PRI-, y la disciplina en Morena se procesa distinto, pero una cosa es que se permita y alimente la deliberación, y otra que el choque haga parecer que la única oposición está en el propio partido.

Con el pleito entre Ricardo Monreal y Martí Batres, y la disputa adelantada por la dirigencia del partido, que también contamina la disputa por la presidencia del Senado, apenas se avizora el caos que se aproxima en la riña por las candidaturas de 13 gubernaturas y al Congreso, en 2021. Morena sigue siendo un movimiento y parte del reto que tienen enfrente pasa por institucionalizarse, sí, pero también por delinear la ruta de profesionalización de cuadros y el marco ideológico que se darán para ellos. Hasta ahora, no hay más que discursos de AMLO, libros del Presidente, promesas de campaña y proyectos de gobierno. De doctrina, nada.

El desafío no es menor, porque definirla hará patente que no todos caben en el mismo partido. Hasta ahora, más que de izquierda o derecha, Morena es lopezobradorista. No hay manera de colocarlos en otro sitio del espectro ideológico. Si se quedan atorados en esa aduana, no habrá futuro institucional.

La grilla es cosa cotidiana en los espacios de poder. Quien lo ejerce, quiere más, quien no lo ostenta lo desea. Quien tiene un pedazo busca acrecentarlo y quien tiene una rebanada mayor, lo quiere todo. Es casi natural. El problema viene cuando la disputa se deja sin controles y terminan por contaminarse los espacios de toma de decisión y las decisiones.

Eso ya está ocurriendo. Morena se ha fragmentado. Hay, al menos, tres bloques –con subdivisiones-. Cada uno ha puesto sobre la mesa a su aspirante a encabezar el partido: Yeidckol Polevsky, Bertha Luján y Mario Delgado. Los tres representan algo distinto, tienen trayectorias diferentes y aliados incompatibles. La vía para institucionalizar Morena pasa por la elección de su dirigencia. Por eso los golpes ya empezaron y no pararán. Morena nació dividido, como licuadora de ideologías donde todos cabían. Su pegamento era el candidato presidencial. Ya en el poder, necesitarán algo más, porque la batalla ya no es por ver quién lo gana, sino quién –y cómo- lo ejerce y, sobre todo, qué proyecto ideológico y de país defienden, más allá del discurso popular de la plaza pública.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN 
[email protected] 
@MLOPEZSANMARTIN

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