La oposición como herramienta democrática

La falta de oposición no es cosa menor en un régimen democrático

Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México
Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México

Según el Diccionario de Política que escribieron Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino, una de las definiciones de Oposición es: […] la unión de personas o grupos que persiguen fines contrapuestos a aquellos individualizados y perseguidos por el grupo que detenta el poder […] (p. 1080). Apegándonos a esta definición, notamos que en este momento en México no existe una oposición como tal, ya que ni partidos o grupos están organizados ni unidos para generar un contrapeso real al partido en el poder, Morena.

Profundizando un poco más en esta situación, podríamos decir que ni el Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional, Movimiento Ciudadano o los demás partidos satélites no han sido capaces de fincar una estrategia para plantar cara a lo expuesto por el Presidente en casi seis meses de gobierno. Al parecer no hay una agenda establecida y sólo se han manejado de manera reactiva a lo dicho desde Palacio Nacional.

En el principio del año hubo un intento tenue por hacer un bloque por parte de los gobernadores de Jalisco, Enrique Alfaro (MC) y el de Chihuahua, Javier Corral (PAN), pero sus agendas no congeniaron y todo acabó en algunas declaraciones individuales. Asimismo, de repente hay días que se unen estos grupos opositores en torno a un tema específico, como la solicitud de disculpas al rey de España o a alguna situación específica como la contingencia ambiental, pero al paso de una semana cuando el tema está resuelto o es sustituido por otro, la conjunción de estos grupos se diluye y la oposición no termina por consolidarse.

Y es que la falta de oposición no es cosa menor, puesto que en un régimen democrático esta debe fungir como una herramienta para establecer límites en el quehacer gubernamental con apego a la legalidad, así como para generar alternativas en la resolución de las problemáticas sociales. Esta situación es más grave aún cuando el partido del Presidente tiene mayoría en ambas Cámaras, por lo que el papel de la oposición se vuelve fundamental para gobernar desde la colaboración en los asuntos que mejor convengan al país, propiciar el debate crítico y el disenso en los temas que así se requiera.

Así pues, el tiempo sigue su marcha y el gobierno actual comienza a concretar iniciativas y reformas de gran calado tales como la creación de la Guardia Nacional o la Reforma Educativa, aún sin encontrar los contrapesos adecuados que equilibren las demandas ciudadanas. En este sentido, el reloj electoral también avanza y, si los partidos opositores quieren estar vigentes en el imaginario colectivo, deberán subirse a la palestra con una agenda clara y crítica de las fallas, pero también los aciertos del gobierno para cambiar el rumbo o dar continuidad a los programas exitosos.

El poder desgasta y la oposición tendrá que encontrar la agenda para generar los contrapesos que permitan fortalecer la democracia mexicana, sus instituciones y a la sociedad. Sin embargo, la reflexión y la crítica deberá comenzar en el seno del cada uno de los partidos, medios de comunicación y sociedad civil organizada.

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@ASARUR

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