La ombudsperson, en entredicho

Es urgente dar respuesta a familiares de desaparecidos y a quienes han sido víctimas de la violencia

Anilú Ingram Vallines/ Opinión de El Heraldo de México. Foto: Especial.
Anilú Ingram Vallines/ Opinión de El Heraldo de México. Foto: Especial.

A pesar de los enormes retos que enfrenta México en materia de derechos humanos, la designación de la nueva titular de la Comisión Nacional se dio en un penoso hecho donde, además de empujones y gritos, quedó en entredicho su credibilidad, en el país y en el plano internacional.

Rosario Piedra tiene varios desafíos: el primero es demostrarnos a los mexicanos que dejará de lado su militancia morenista; recordemos que poco antes de su nombramiento, era la secretaria de Derechos Humanos de su partido y, previamente, candidata a diputada federal en Nuevo León.

Nos tiene que demostrar que trabajará sin sesgo, lo que se vislumbra complejo, porque la psicóloga de profesión llega con miopía ante los asesinatos de activistas y periodistas que se han perpetrado en estos primeros casi 12 meses de administración federal, a pesar de que hace apenas unos días, el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas señaló en sus recomendaciones a México la violencia e intimidación en contra de periodistas.

El segundo desafío es no limitarse a criticar lo que se hizo en el pasado o se dejó de hacer, pues la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) corre el riesgo de convertirse en una herramienta más de revancha política.

El tercero es que debe rodearse de gente experta en la materia, escuchar a los colectivos, y no convertir a este organismo en un espacio de colocación de correligionarios sin perfil y sin experiencia, para así evitar que las violaciones a las garantías individuales se disparen. Hoy es urgente dar respuesta a los familiares de personas desaparecidas, a quienes han sido víctimas del desplazamiento interno a consecuencia de la violencia, a quienes han sido blanco de la explotación, de la trata de personas, de la violencia de género, de todo aquel que no puede acceder a la justicia.

El cuarto reto, e igual de importante, es no destruir todo lo que desde 1990 se ha construido en este país en materia de Derechos Humanos. Puede ser que haya algunas tuercas que ajustar, áreas nuevas que explorar, pero sería un grave error borrar de un plumazo todo el camino avanzado simplemente por ser de otros gobiernos, tal y como ha pasado ya en otras instituciones y programas gubernamentales de probada eficiencia. No se tiene ni se debe empezar de cero.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos es para muchas y muchos un faro de esperanza en la oscuridad, el último recurso al cual recurrir. De acuerdo con datos de la propia CNDH, tan solo el año pasado 377 mil 579 personas solicitaron su apoyo, atención o asesoría, lo que generó apertura de nuevos expedientes, quejas, orientaciones, remisiones, inconformidades y, por supuesto, recomendaciones en materia de salud, educación, migración y seguridad, principalmente. Hay que seguir trabajando en que más personas conozcan y hagan valer sus derechos.

El tiempo está corriendo ya para Rosario Piedra y, a como está el país, está a contrarreloj.

POR ANILÚ INGRAM VALLINES

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