La necesidad de Poder Blando

México debe presentar otra cara: la de un vecino más grande interesado no en el control, sino en el desarrollo

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño Figueras / Columna Desde afuera / Heraldo de México

A fines de los años 90 un huracán devastó Honduras con lluvias que provocaron inundaciones y su consecuente secuela de hambre, enfermedad y muerte.

La ayuda mexicana estuvo presente desde el momento inicial, con arroz y frijoles si se quiere, llevados por los camiones de cocina de emergencia del Ejército mexicano. La ayuda estadounidense no tardó mucho más, abundante como siempre.

Para los hondureños, sin embargo, hubo una diferencia que el distinguido periodista hondureño Jacobo Goldstein explicaba así: los estadounidenses dieron lo que les sobraba, los mexicanos compartieron lo que tenían.

La historia viene a cuento ahora que las recientes actitudes estadounidenses contra la llegada de refugiados pusieron otra vez en evidencia la importancia de Centroamérica para México.

Las caravanas de migrantes provenientes en especial del llamado Triángulo Norte, –Guatemala, El Salvador y Honduras– no sólo crearon un roce con el gobierno de Donald Trump sino recordaron a muchos mexicanos que en términos reales el sureste de México y esas naciones son una región geográfica con muchas similitudes y necesidades comunes, aunque cada país tenga características propias.

Es en ese marco donde entra algo que los teóricos de la política internacional llaman el poder suave, el poder de influir a través de cultura, de apoyo, de la generación de actitudespositivas.

Y en este momento en que el rechazo estadounidense a aceptar refugiados pone a México en una posición comprometida, al obligarlo a cerrar fronteras para evitar verse inundado por migrantes, cobra importancia la necesidad de poder suavecomo la representada por la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) y el impacto de una visión de integración regional como la formalmente propuesta a fines de mes pasado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el gobierno mexicano.

La combinación es de enorme importancia, principalmente ante la renuencia del gobierno estadounidense, que encabeza el Donald Trump, a apoyar económicamente un proyecto que a fin de cuentas redundaría ensu beneficio.

Para bien o para mal, el actual rostro de México hacia Centroamérica está representado por las imágenes de uniformados, sean policías o militares, en las riberas del río Usumacinta, al momento de devolver a presuntos refugiados.

México debe, sin embargo, presentar otra cara: la de un vecino más grande interesado no en el control o la supremacía sino en el desarrollo y el bienestar de países cuya situación tiene efectivamente un impacto sobre la suya propia.

Y tal vez deba recordarse también que Mesoamérica va más allá del Triángulo Norte, que llega a Colombia y de hecho impacta la Cuenca del Caribe.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
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@CARRENOJOSE1

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