México y Japón: el Know How de la cooperación

No hemos planteado seriamente los esquemas de cooperación internacional que recibimos, no sólo de Japón, sino de otros países

Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México

México y Japón tienen una relación histórica profunda. Este año se siguen celebrando los 130 años del establecimiento de relaciones diplomáticas (1888). Desde entonces, son muchos los episodios que han caracterizado la relación bilateral. Una gran cantidad de trabajos se han escrito al respecto, sin embargo, pocos se han dado a la tarea de evaluar la cooperación internacional que Japón le brinda a México y que, desde mi punto de vista, podría ser, además de la relación comercial, la columna vertebral de una nueva era de entendimiento y cooperación horizontal, ahora en vísperas de una la nueva transformación que se vislumbra en México, más aún, cuando el Acuerdo de Asociación Económica (AAE) que tenemos con ellos, lo contempla.

En este contexto, me gustaría resaltar la visita que realizó la semana pasada el presidente de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA, por sus siglas en inglés), quien ofreció una conferencia sobre la Modernización de Japón y su relación con México. El mensaje resultó muy interesante, sin embargo, dio pocos detalles del estado del arte de la cooperación bilateral. Si bien es cierto, el reporte de esa Agencia (JICA, 2017) muestra en términos generales la filosofía y los tipos de cooperación, no plantea la necesidad de establecer nuevos esquemas de cooperación, con base a las necesidades de países como el nuestro (ingreso medio alto).

De ahí que las dinámicas de cooperación japonesas existentes hacia México, deben evolucionar y transitar hacia esquemas que vayan más allá de la cooperación sur-sur, o de una cooperación de tipo horizontal, que la han caracterizado. Me refiero a la necesidad de una profesionalización dentro de las conocidas redes intergubernamentales, a las que Slaughter (2003) y Fukuyama (2004), analizan y que proponen un tipo de cooperación internacional equilibrado, y por ello el más recomendable, en cuanto a su efectividad.

Aunque existe una buena coordinación entre JICA y l -a Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), la cooperación debe elevarse a otro nivel de complejidad, y no me refiero a un nivel más complicado. Conozco bien los cursos y programas que ofrecen los japoneses a México. Los he estudiado desde hace más de 20 años y francamente no veo una mejora sustancial en la transferencia del Know How que impacte de manera estructural en el desarrollo del país. Quizá el error ha estado en nuestra parte. No hemos planteado seriamente los esquemas de cooperación internacional que recibimos, no sólo de Japón, sino de otros países, en términos de un proyecto o una política industrial nacional selectiva, es decir, capacitar donde más se requiere y necesita.

Lógicamente, antes de esto, se debería tener un plan de desarrollo científico y tecnológico, basado en la cooperación internacional. Me explico. Realizar un diagnóstico en el que se destaquen las áreas de oportunidad en las cuales se desee desarrollar o mejorar, y empatarlas con las que Japón es líder global. Bajo esa óptica, se enviaría nuestro capital humano, es decir, a los becarios mexicanos, que a través de un proceso de selección riguroso de acuerdo con su especialidad o expertise, y atendiendo a las áreas y necesidades destacadas en el diagnóstico, deberán de vincularse y desarrollarse en su área, para que a su regreso se integren a trabajar en la misma.

De esta forma, se aprovecharía de manera más eficiente la capacitación, la vinculación e iniciaría un proceso de transferencia efectiva del Know How, de lo contrario, el exbecario del gobierno japonés, tal y como sucede hoy en día en la mayoría de los casos, terminará trabajando en algo totalmente diferente de lo que estudió o capacitó.

Finalmente, es necesario impulsar y promover la creación de más programas como el del Seminario de Líderes de la Próxima Generación México-Japón, pues son muy escasos, el no hacerlo, daría pie a una dinámica de monopolización de los puentes de entendimiento existentes, en donde regularmente se cuenta con la participación unos cuantos y los mismos individuos, generando con ello que cada vez se reduzca más el universo de especialistas en los temas relacionados con Japón, y con ello la transferencia del conocimiento a favor de nuestro país, en vías ya de una próxima transformación.

* Analista internacionalista

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