Los efectos de la renegociación del TLCAN en Asia

Será complicado que las automotrices asiáticas establecidas en México puedan cumplir con algunas condiciones para obtener los certificados de origen

Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México
Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México

Todo parece indicar que los acuerdos en torno a la renegociación bilateral (México y Estados Unidos) del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ya tienen rumbo.

A reserva de que Canadá se integre, habrá un nuevo acuerdo comercial. Las primeras reacciones de esto han desbordado el ánimo de propios y extraños; sin embargo, a pesar de que no se conocen los detalles a fondo del pacto, es factible predecir cuál será la reacción de algunos de nuestros principales socios comerciales en Asia, tal es el caso de China, Corea y Japón.

En caso de que entren en vigor los nuevos acuerdos referentes al sector automotriz, será muy complicado que la cadena de valor de las empresas del sector asiáticas establecidas en México puedan cumplir con las siguientes condiciones para obtener los certificados de origen correspondientes y gozar de los beneficios del nuevo acuerdo: que entre 40 y 45 por ciento de la producción de los vehículos deberá hacerse en un país con un salario no menor de 16 dólares como Estados Unidos o Canadá; que entre 55 y 60 por ciento de la producción automotriz podrá realizarse con un costo de mano de obra inferior a los 16 dólares como salario mínimo, como lo es el caso de nuestro país.

En caso de que las compañías del ramo puedan cumplir lo anterior desde el inicio, el arancel que se impondrá será de tasa cero. Las que no cumplan con esto, podrán exportar con una tasa de 2.5 por ciento, mientras se acoplan a las nuevas disposiciones.

Finalmente, en cuanto a las reglas de origen, hay un requerimiento de contenido regional que establece que 75 por ciento del contenido automotriz tendrá que estar fabricado en Estados Unidos y México.

A los ojos de la industria automotriz procedente de Asia (Japón, Corea y en menor medida China) esto podría desalentar las inversiones en el sector, mismas que en los recientes años se han incrementado en el centro y norte de la República mexicana, lo que tendría que modificar las estrategias de atracción de este tipo de recursos del exterior que, de alguna manera, complementan los esfuerzos de los gobiernos estatales y municipales de promover el desarrollo, a través de la creación del empleo en los famosos ecosistemas industriales o lo que en su momento, Michael Porter (1999), llamó los clúster económicos que maximizan las ventajas comparativas de las naciones.

Estamos, sin duda, ante nuevos retos de la política comercial del país, misma que en palabras del gobierno electo, se seguirá apostando al libre comercio; no obstante, tengo mis dudas si se negoció correctamente en este rubro.

Quizá la declaración de la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, de que México hizo algunas concesiones serias en autos y mano de obra ante Estados Unidos podrían ser ciertas. Es prematuro saber si esto es verdad o no, falta analizar el texto de los acuerdos pactados.

Ahora México tendrá que promover sus ventajas comparativas, absolutas y competitivas en otras áreas, dado que todo parece indicar que, en aras de cumplir las nuevas disposiciones del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, posiblemente vendrá un desmantelamiento o fragmentación de los procesos productivos de la industria automotriz. En ello, las inversiones provenientes de Asia, tendrán que jugar un papel de suma importancia. Ojalá y el gobierno electo lo tenga claro.

*Analista internacionalista

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