Ramón Rosales: La muerte como fenómeno natural y universal

“Tenemos miedo a la visión de la muerte. Todo el mundo sabe que se va a morir pero nadie lo cree, nos engañamos acerca de ella

Ramón Rosales: La muerte como fenómeno natural y universal

Tenemos miedo a la visión de la muerte. Todo el mundo sabe que se va a morir pero nadie lo cree, nos engañamos acerca de ella. Morir es algo natural, el hecho de que tratemos de ignorarla se debe por completo a que no nos vemos como parte de la naturaleza.

Frase del libro Martes con mi viejo profesor, por Morrie Schawartz, doctor en sociología. Ahí relata cómo enfrenta una enfermedad incurable y su proceso ante la muerte.

Lo aborda como si fuera su proyecto final, un último curso para un antiguo alumno que podría titular aprende a morir y aprenderás a vivir. Casi todos buscamos la felicidad y eludimos los sentimientos melancólicos o negativos.

La felicidad continua parece ser la consigna en nuestras vidas, aunque ese objetivo es ilusorio, ya que nadie es feliz todo el tiempo.

Las experiencias dolorosas pueden hacernos más sensibles, y que desarrollemos empatía e interés por otros en situaciones similares, a la vez que aprendemos acerca de nuestros valores y emociones.

La enfermedad y la muerte no son acontecimientos felices, por ello su constante negación.

Sin embargo, la muerte es un fenómeno natural, universal y único, que en ocasiones puede postergarse mediante tratamientos, aunque a pesar de todos los esfuerzos siempre llegará de forma inevitable.

El acto asistencial no se limita sólo a curar, también consiste en aliviar, consolar, rehabilitar y educar. Por ello, los avances médicos han incrementado la esperanza de vida, generando un cambio en el panorama epidemiológico.

A mediados del siglo pasado predominaban las enfermedades infecciosas agudas, actualmente son más frecuentes las enfermedades crónico-degenerativas, como las cardiovasculares, diabetes, cáncer, entre otras; estas afectaciones han aumentado el número de personas que llegan al final de su vida con sufrimiento y limitaciones.

Por eso surgen los cuidados paliativos como respuesta a la necesidad de atender a estos pacientes, mediante una combinación de ciencia y humanidad.

Su fundadora, Cicely Saunders, enfermera británica, creó en 1967 el St. Cristhopher´ s Hospice, primer hospital en Londres que unía el cuidado compasivo a la investigación y docencia clínica; desde entonces se ha propagado en todo el mundo.

Estos cuidados están diseñados para proporcionar bienestar y auxilio mediante un adecuado control de los síntomas, y mantenerlos libres de dolor cuando no existe la posibilidad de un tratamiento curativo, a fin de lograr una situación óptima no sólo desde el punto físico, si no también psicológico, social y espiritual.

Esta atención no es para favorecer el bien morir, es para brindar calidad de vida hasta el final. Cuidar de estos pacientes requiere un compromiso profesional y personal, como escucharlos, conocerlos, trabajar la empatía y la solidaridad; demostrar que se está a su lado para apoyarlos.

En ocasiones, el reto no consiste en disponer de la última tecnología, si no en el acompañamiento durante este periodo. La frase ya no hay nada más que hacer no existe para quienes se dedican a los cuidados paliativos. El paciente puede no tener la posibilidad de sanar, pero sí de llegar al final de una manera digna, quizá en su hogar, rodeado de sus seres queridos.

 

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