La milagrosa restauración de los templos históricos

Ingenieros, arquitectos y restauradores europeos han visitado los recintos para repararlos con técnicas tradicionales

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

En el Estado de México y en Morelos se ha hecho común ver decenas de templos e iglesias cerradas, con las bancas y los atrios improvisados en los jardines al aire libre, desde que los sismos de 2017 causaron daños importantes en estos edificios centenarios.

A partir de entonces, caravanas de ingenieros, arquitectos y restauradores europeos han visitado los templos para repararlos utilizando técnicas tradicionales de restauración. Sus diagnósticos han descartado el uso del concreto y otros materiales contemporáneos para darle más protagonismo a antiguos recursos y técnicas de restauración.

Uno de los templos más hermosos es el ex Convento de San Juan Bautista, en Tlayacapan, construido en el siglo XVI; ha soportado por lo menos cuatro sismos de gran magnitud, de acuerdo con los registros desde 1880. El más reciente, ocurrido el 19 de septiembre de 2017, reabrió antiguas grietas y dejó otras que han puesto en riesgo la estabilidad de la bóveda.

La edificación, que forma parte de los 14 monasterios asentados en las faldas del volcán Popocatépetl inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1994, fue visitada por un grupo de 19 expertos en conservación de bienes muebles e inmuebles de la Unión Europea para conocer los daños ocasionados por el fenómeno natural, y ofrecer algunas recomendaciones que contribuyan a su restauración.

Los sismos de septiembre de 2017 dañaron alrededor de mil 900 templos; de ellos, alrededor de 600 son edificios históricos. En Puebla se ubica la mayoría, alrededor de medio millar, y en Morelos se calcula la existencia de unos 350. La restauración de los templos ha sido muy complicada, por la falta de recursos presupuestarios.

Los 19 expertos europeos recorrieron el ex convento de Tlayacapa: Los daños más importantes están en la nave del templo. La fachada principal se separó de la bóveda 18 centímetros hacia el frente; la espadaña se desprendió y colapsó en 40 por ciento; el gran contrafuerte ubicado en el costado sur de la nave se desplomó en su totalidad; el lomo de la bóveda se hundió en parte, con daño parcial; los muros tuvieron deformaciones por esfuerzos de tensión y torsión en los ejes en donde cayeron parcialmente los arcos formeros.

El ingeniero Giovanni Cangi, profesor de la Universidad Roma Tre de Italia, propuso hacer un levantamiento preciso del inmueble en el que se registren todas las fisuras y tipología de daños, es decir, distinguir los desprendimientos por escurrimiento y aquellos asociados a los movimientos telúricos.

El experto español Francisco Jurado, de la Universidad Técnica de Madrid, se mostró admirado por el ex convento de Tlayapacan y recomendó evitar la introducción de hierro o elementos de tensión.

Roberta Fonti, arquitecta de la Universidad Alemana, llamó la atención sobre las hermosas estructuras de mampostería, un sistema que requiere de un mantenimiento muy particular que no tuvo lugar en los últimos 60 años.

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