La medición de las condiciones de la paz no es un asunto fácil

No hay país que no haya pasado por conflictos, negociaciones de paz y grandes esfuerzos para lograr acuerdos para futuros consensos


Eso de la medición de la paz no es un asunto fácil, ni sencillo. En esa reflexión surge la pregunta sobre el enfoque que se utilizará en determinados contextos, circunstancias y con cuál intencionalidad, particularmente en épocas de cambio global como los de ahora.

Una primera cuestión tiene que ver con el contexto, otras con cuáles son los antecedentes y las tendencias. Otras, con las posibilidades y lo más importante, los futuros que resultan de las decisiones.

Por eso, las estadísticas de paz y de conflictos o violencias no se pueden tomar en frío. El enfoque de análisis y la intencionalidad cuestan mucho, verse con perspectiva histórica y de no repetición, cuando el dato indica que se puede cambiar. No hay país que no haya pasado por conflictos, negociaciones de paz y grandes esfuerzos para lograr acuerdos para crear bases para los futuros consensos.

En este sentido, se tiene el ejemplo de la región centroamericana por parte de sociedades en permanente esfuerzo en la construcción de alternativas ante los retos que se presentan ahora. En cualquiera de los enfoques, lo más importante son los futuros, lo que se puede lograr con lo que se sabe, conoce y tiene. La realidad es que el reto de vivir en paz es uno permanente y contar con indicadores puede contribuir a la solución de problemas.

A tomar en cuenta es qué se mide y por qué. Si se realiza con positivos o negativos, o con una mezcla que facilite nuevas arquitecturas públicas que condicionen ambientes favorables para la paz. Con cuáles modelos se hacen correlaciones en temas tan delicados que requieren objetividad.

En ese campo, se realiza una interesante medición desde Australia por el Institute for Economics & Peace, en el que se conjugan elementos de la economía, factores de estabilidad, seguridad social, estadística de épocas de paz y circunstancias de conflicto.

Con esmero se ha construido un modelo de paz positiva en el que se compara a la gran mayoría de países del planeta que se atreve a proponer un enfoque de medición diferente de análisis para las condiciones que la favorecen, en un mundo complejo en el que ha crecido muy poco la paz y en el que 93 países tuvieron mejores condiciones, mientras 68 las perdieron.

Centroamérica y su entorno no tienen resultados homogéneos en la medición del estado de la paz publicada en el Global Peace Index 2017 como ocurre en los países en su entorno. La estadística es diversa y habla de los resultados logrados. Costa Rica, Panamá y Nicaragua aparecen con los mejores números, les siguen Honduras, El Salvador, Belice y Guatemala.

Entre las mejoras globales está que 67% de los países tuvieron una disminución de la tasa de homicidios. Un dato difícil es el de que la violencia cuesta el 12.6 por ciento del Producto Interno Bruto Global, con un equivalente de 5.40 dólares por cada persona del planeta.

De cada unidad monetaria invertida en construcción de paz, se indica que el costo de los conflictos que se realizan con armas puede declinar cuando mejoran las condiciones de seguridad social. He ahí un reto que presenta opciones positivas para la paz en estas regiones.

 

Columna anterior: Se conversa sobre la prosperidad y seguridad en Centroamérica

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