La máscara del arte

Nueva York quiere mantener su estatus como la ciudad que revoluciona al arte, pero sus intentos fallan. El arte no traiciona, si al crear tu finalidad no es artística sino comercial u otra, tendrás altas probabilidades de fracasar

La máscara del arte

Eso pasó con The Shed, el nuevo centro multicultural de Manhattan que prometía ser, algo así, como el nuevo MoMA, un recinto que nació para impulsar innovaciones del arte, como en su momento lo fue el expresionismo abstracto.

Para quien ha recorrido la High Line de la gran manzana, quizá recuerde una súper estructura de metal color marrón, ése es el recién inaugurado The Shed, un símbolo de poder, más que de arte, diría yo.

Bajo la premisa constrúyelo y ellos vendrán, el nuevo museo ha roto varios récords de visitas, inversionistas y publicidad, pero para mi gusto, ninguna innovación artística.

Tan sólo al revisar el rimbombante cartel de su inauguración, con BjÖrk como figura central y el cineasta Steve McQueen, te das cuenta del grado de confort y de lo tradicional del discurso, hablando de la mezcla racial y consumo de medios.

Una de las exposiciones inaugurales fue la de Tony Cokes, videoartista estadounidense que cuestiona los sistemas de producción cultural en la sociedad capitalista, o sea, ¿se estará burlando del propio The Shed? Obviamente, no, simplemente, el nuevo recinto cae en el lugar común, disfrazando su propuesta de conexión social.

¿Por qué un museo que promete la experimentación con propuestas emergentes ofrece su espacio estelar a artistas sin nuevas ideas o consagrados, como Björk, que dejaron de innovar hace una década? ¿Es necesario gastar medio billón de dólares en un museo más cuando hay miles de proyectos que luchan para mantenerse vivos? Al parecer, invertir en arte no es más que decirle al mundo qué poderoso eres.

LANZAMIENTO. El recinto fue inaugurado el 5 de abril.

Por LILIA SOREN

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