La línea dura

El tema migratorio forma parte de un acuerdo que implica la mutación en un asunto de seguridad nacional

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Ya no resulta extraño para los ciudadanos atestiguar de sus presidentes y gobiernos decisiones radicales que implican un parteaguas en sus historias y posiciones políticas, en un mundo repleto de conflictos e intereses geopolíticos en el que suele imponerse el pragmatismo como alternativa de solución a los desafíos de todos los días.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha precipitado su propio parteaguas político con la irrupción de un tema que en realidad no lo era para su administración, por lo menos no uno de primer orden: la migración.

La amenaza del presidente Donald Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos ha cambiado de manera drástica la ecuación para el presidente López Obrador, cuyo gobierno se desplazó en cuestión de días de una política de tolerancia y comprensión del fenómeno migratorio, a la línea más dura en la historia de la diplomacia mexicana.

El tema migratorio y el asunto estratégico de la seguridad nacional, ambos preservados fuera del ámbito de las negociaciones y acuerdos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte durante 25 años, ahora forman parte de un acuerdo que implica compromisos y, en los hechos, la mutación del tema migratorio en un asunto de seguridad nacional.

Esto desde luego tiene consecuencias, y una de las más significativas en el terreno político es una variación notable en el discurso y las acciones institucionales de un país que históricamente había sostenido una posición abierta y tolerante con la migración.

¿En qué consiste este giro radical en un gobierno considerado de izquierda? Básicamente en trocar la línea de tolerancia por la línea dura contra los migrantes.

Nada será igual para el gobierno ni para el país después del acuerdo suscrito con Trump hace un par de semanas.

Si hace 25 años Manuel Camacho, mentor y amigo del canciller Ebrard, convencía al presidente Salinas de nombrarlo comisionado para pacificar Chiapas y suspender el fuego contra las fuerzas zapatistas, hoy Marcelo emprende otro viaje con un carácter distinto al sur para detener, a como dé lugar, a miles de migrantes que a diario cruzan a México para avanzar hacia Estados Unidos.

La decisión de trasladar 6 mil soldados de la Guardia Nacional a la frontera sur modifica de manera drástica ciertas decisiones y orientaciones iniciales del gobierno de AMLO. Si la trayectoria y la tarea de Tonatiuh Guillén como comisionado de Migración era reconocida por organizaciones civiles y de defensa de los derechos de los migrantes, su renuncia y la designación de Francisco Garduño, hasta ahora director de las cárceles federales, no dejan ni una sombra de duda: se viene la línea dura.

Lo deseable sería que el acuerdo sirviera para imponer un orden en el caos y detener el maltrato y la violación de derechos humanos que los gobiernos anteriores toleraron con los migrantes del sur.

Pero la línea dura y las huellas de seis mil soldados asfixian las esperanzas.

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@WILBERTTORRE

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