La jugada de Lula

Considera que el ofrecimiento de una excarcelación parcial es una treta para legitimar el proceso en su contra

Opinión de Alejandra Martínez / Rompeolas / El Heraldo de México
Opinión de Alejandra Martínez / Rompeolas / El Heraldo de México

No cambio mi dignidad por libertad,

fue la respuesta de Luiz Inácio Lula da Silva ante la propuesta de un régimen semiabierto en el que estaría en libertad de día y en prisión de noche. Para el expresidente brasileño (2003-2010) la única opción es la absolución.

Para él, el proceso en su contra y su condena son ilegítimos. Y si en algo tiene razón, es que su caso ha estado plagado de irregularidades. Se han filtrado conversaciones en las que se revela que, por decir lo menos, los fiscales de la operación Lava Jato —una gran investigación anticorrupción en Brasil— lo odian.

Lula está en prisión en la sede de la Policía Federal de Curitiba desde abril del año pasado, pagando una condena de ocho años y 10 meses de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero.

El medio digital The Intercept ha divulgado, a cuentagotas, conversaciones entre los fiscales de Lava Jato en las que celebraron que no se le permitiera conceder entrevistas desde la cárcel; también se burlaron de la enfermedad y muerte de su esposa, y de los decesos de su hermano y nieto (de apenas 7 años).

Pero lo más importante de esos audios es que se muestra que Sergio Moro —que como juez condenó a Lula— no actuó con imparcialidad, y que, de hecho, hubo intereses políticos. Moro habría ordenado al Ministerio Público incluir pruebas contra Lula y acelerar o retrasar actuaciones; en pocas palabras, dio instrucciones de cómo conducir la pesquisa, lo que está prohibido según el Código Penal brasileño.

Su condena bajó a Lula de la carrera presidencial (era el favorito) y llevó al ultraderechista Jair Bolsonaro al poder. Ahora, bajo esta administración conservadora, Moro ejerce como ministro de Justicia.

A pesar de las pruebas, el Ministerio Público se ha negado a integrar los mensajes publicados por The intercept, al considerar que fueron obtenidos por medio de una acción criminal.

Por ello, para Lula, el ofrecimiento de una excarcelación parcial es una treta para legitimar el proceso en su contra.

Quiero que sepan que no acepto cambalaches con mis derechos y mi libertad. Ya demostré que son falsas las acusaciones que me hicieron. Son ellos (los fiscales) y no yo los que están presos en las mentiras que le contaron a Brasil y al mundo.

La idea de una revocación de la sentencia de Moro contra Lula no es descabellada: en agosto se anuló una condena contra Aldemir Bendine, expresidente de Petrobras.

De hecho, la negativa de Lula a ser liberado parcialmente ocurre en el momento en el que el Supremo Tribunal Federal analiza el tema y podría dejar sin efecto cientos de sentencias de Lava Jato, entre ellas la suya.

Mientras, Lula presiona, señalando que tiene confianza en la justicia de su país. Pero la ultraderecha no cederá tan fácil. Lula ha sido pieza clave para cerrar el paso a la izquierda brasileña. Criminalizar a su líder moral les ha rendido frutos y los mantiene en el poder.

POR ALEJANDRA MARTÍNEZ

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@ALEJANDRAMTZ_87

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