La invención del amor  

No existe como un “sentimiento natural” que parte de la empatía bioquímica entre dos seres; aprendimos a rendirnos ante él

Hugo Corzo / Cruz y grama / Heraldo de México
Hugo Corzo / Cruz y grama / Heraldo de México

Hoy, que miles de millones de dólares se intercambiarán en el mundo y billones de caracteres se estamparán en tarjetas, todo en nombre del amor, vale la pena sacudir a los amorosos con una certeza poco romántica: el amor no existe per se; es un constructo simbólico, cultural; una invención que data de hace al menos ocho siglos, pero que no tiene su génesis en algún resorte biológico que dispara el agrado por alguien, independientemente de nuestra voluntad. No caemos rendidos ante su no sé qué que qué sé yo. Aprendimos a rendirnos.

Parece mala noticia, pero no lo es en realidad: el amor no existe como un sentimiento natural que parte de la empatía bioquímica entre dos seres. Es una convención subjetiva, insertada en nuestras costumbres. Es, en términos del psicólogo Paul Watzlawick, una realidad inventada.

La buena noticia: aunque tiene nuevas formas –sobre todo con las redes sociales y la tecnología de telecomunicaciones, que han hecho el mundo más inmediato y pequeño–, sigue siendo vigente. La experiencia amorosa es aún una de las más importantes para todos los individuos.

¿Cómo se creó el amor y cuándo nació? Trataré de hacer un breve cuento, con recortes de antropólogos, filósofos, comunicólogos, psicólogos y poetas que han dado cuenta del fenómeno. De Denis de Rougemont a Octavio Paz. Y no, la disertación no parte de una decepción, estoy enamorado en el Alma de todo lo bello en este mundo.

Antes del siglo XII, el modelo del amorpasión no existía como lo conocemos. Los matrimonios eran convenios pragmáticos y no existía una liturgia ni mitología amorosa. Pero con la aparición de la novela como género, y de un relato en particular, el de Tristán e Isolda (versiones varias; las más conocidas, las de Béroul y Thomas), todo cambió. Esa historia oral, por primera vez escrita, planteaba dinámicas inusuales para la época: a Tristán lo envía su tío, el rey Marc, a traer a la bella Isolda, quien será su esposa. A Isolda le dan un filtro de amor para que lo huela cuando esté frente al rey y se enamore (palabra inusual e ininteligible en el siglo XII) de él, y no padezca su matrimonio. En el camino, en medio de una batalla con un cíclope, el filtro se derrama entre Tristán e Isolda y se enamoran, lo cual los lleva a cometer todo acto de rebeldía y arrojo en nombre del amor.

En las cortes donde se leía esta historia, conmovió tanto la idea de tener un romance sublime y no sólo un convenio pragmático, que la ficción comenzó a ser copiada en la realidad. Así, nuestra educación sentimental se ha ido nutriendo por centurias con las ideas de lo que debe ser el amor y el desamor entre parejas.

Por lo pronto, lo más conveniente será no recordar esto hoy, cuando se compre uno de los miles de millones de chocolates o flores que colmarán el mundo.

 

Privilegios 

Mientras en la alcaldía de Solidaridad, Quintana Roo, dijeron que no se le daría trato especial al exalcalde Mauricio Góngora, la verdad va por otro lado. Fuentes del penal revelaron que al exedil prácticamente le pusieron departamento: dicen que le dieron el dormitorio que era de los custodios, y que varios de ellos fueron ofrecidos a su servicio; además, recibe visitas sin importar día y hora. Tampoco pasan a revisión, como las visitas de los demás presos.

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@hugo_corzo

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