La incertidumbre: Nuevo estilo personal

Si lo que se busca es promover una democracia participativa, hay que empezar por definir las reglas

La incertidumbre: Nuevo estilo personal

Hoy inicia un ejercicio de consulta sobre el futuro del Nuevo Aeropuerto, que parte de un concepto equivocado: Atender lo que diga la gente. Lo que pasa es que la gente ya dijo y le dio la responsabilidad de gobierno a la persona en la que recae el Poder Ejecutivo. Si lo que se busca es promover una democracia participativa, entonces hay que empezar por definir las reglas.

Eso habría sido uno de los pasos certeros hacia la Cuarta Transformación y la consulta tendría la base legal que le daría transparencia y credibilidad. No ocurrió así.

Las reglas actuales lanzarían la consulta hasta la elección de 2021 y el próximo presidente tiene tanta prisa con este de proyecto que no puede esperar siquiera a tomar posesión. Se tratará de una consulta de un grupo de ciudadanos a otros, pero no popular.

El problema es que la planeación de la consulta genera incertidumbre en todo terreno: los procedimientos están lejos del rigor que aplica el INE; los resultados pueden ser una guía, pero no serán vinculantes (el gobierno actual no estará obligado a hacer nada con los resultados); la incertidumbre podría traducirse en pérdida de confianza de los inversionistas; los pobladores de la zona se oponen; los estudios técnicos están desplazados.

Podría decirse que la consulta constituye una nueva forma de hacer política, más cercana a la gente, para buscar la participación popular en la toma de decisiones.

Pero ello requiere certeza y definición, para evitar la improvisación, comunicarla adecuadamente y ofrecer garantías de imparcialidad.

En cambio, ni por la redacción de la pregunta, ni por la calidad de la organización, se alcanzará la credibilidad necesaria.

Prevalece la incertidumbre y la percepción de que se busca eludir la responsabilidad de decidir para gobernar. Ningún gobernante podrá satisfacer siempre a todos los electores, pero el pueblo estará satisfecho si la toma de decisiones se construye con base en consensos, negociaciones y buen diseño de políticas públicas. Por eso a los políticos les incomoda la polarización, pues enfrentan a los sectores en una u otra posición, el gobernante debe decidir y el perdedor se queda sin nada.

El buen estadista encuentra soluciones que generan certidumbre, acuerdo y perspectiva, pues ve al pueblo (no sólo a sus electores) de una manera integral, en su desarrollo a futuro y no en el corto plazo.

López Obrador ha optado por el camino contrario. Sin haber tomado el poder opta por la incertidumbre al no decir cómo hará las cosas y llamando a consultas improvisadas.

En consecuencia, se promueve la polarización: los buenos contra la mafia; la prensa fifí y conservadora contra la Cuarta Transformación; Texcoco contra Santa Lucía; etc. En lugar de dar paso a la transparencia, la técnica, el análisis y la visión del México que deseamos para el 2040, opera la improvisación.

Es la incertidumbre como estilo personal de gobernar.

 

ARTURO SÁNCHEZ DECANO DEL ITESM, EX CONSEJERO ELECTORAL @ARTUROSANCHEZG

 

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