La guerra entre Trump y la prensa

Para nadie es un secreto que el mandatario vive de, por y para su imagen en los medios

La guerra entre Trump y la prensa

La guerra sucia contra la prensa libre debe terminar.

Esa es la idea detrás de lo que la cadena CNN calificó como una inusual iniciativa editorial a la que se han sumado decenas de periódicos en todos los Estados Unidos.

Y por supuesto, la guerra sucia a la que se refieren es la que el presidente Donald Trump y muchos de sus seguidores parecen haber declarado a los medios tradicionales.

Para nadie es un secreto que el mandatario vive de, por y para su imagen en los medios, y que todo aquello que no corresponda a lo que él considera como información correcta sobre sus actividades equivale prácticamente a una declaración de guerra.

Y en ese sentido, califica a las informaciones que no le son agradables como noticias falsas y a veces ataca personalmente a los autores de los reportes, que en algunos casos se quejan de haber sido amenazados por partidarios del mandatario.

La prensa, o una gran parte de ella, no ha tenido dudas en presentar al presidente Trump como un mentiroso y egocéntrico que transgrede habitualmente reglas establecidas en la relación política y en su comportamiento ético.

El diario Boston Globe inició una campaña para que las páginas editoriales den una respuesta coordinada a la creciente retórica que los hace enemigo del pueblo según el presidente Trump.

Proponemos publicar un editorial el 16 de agosto sobre los peligros del ataque gubernamental a la prensa y pedir a otros que se comprometan a publicar sus propios editoriales en la misma fecha, indicó la Junta Editorial del diario en un mensaje a otros periódicos.

Más de 100 publicaciones se han manifestado en favor y agrupaciones de periódicos y editores de periódicos han ayudado a divulgar lo que medios de derecha, como The Drudge Report, calificaron como esfuerzo coordinado para atacar al Presidente.

Pero esa es una confrontación que inició Trump para aprovechar la frustración de un sector que no se siente reflejado ni adecuadamente representado en los medios del país, que en casos como The New York Times, The Washington Post y otros de primer nivel, perciben como elitistas y dominados por la izquierda.

La tradición estadounidense es de una relación adversarial entre el gobierno y los medios, pero nunca había sido tan hostil y mutuamente despectiva como ahora.

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