La guerra de AMLO contra los organismos autónomos

El Presidente ve en los organismos autónomos enemigos que atrasan sus planes. Resulta irónico, porque de hecho, podrían ser sus aliados

Guillermo Lerdo de Tejeda Servitje / Diputado del Congreso de la Ciudad de México / Opinión Editorial
Guillermo Lerdo de Tejeda Servitje / Diputado del Congreso de la Ciudad de México / Opinión Editorial

Al presidente López Obrador no le gusta que le digan que se equivoca, ni le gusta corregir errores, incluso, cuando la evidencia es contundente. En el fondo es naturaleza humana: disfrutamos el halago, no la crítica; preferimos oír las buenas noticias, no las malas; el camino llano, sin obstáculos

Sin embargo, somos afortunados de que en el mundo haya especialistas dispuestos a señalarnos los problemas. Es fastidioso que el doctor nos recete un tratamiento o nos regañe por fumar, pero esos consejos salvan vidas.

En el caso de un presidente es aún más importante, porque sus decisiones impactan la vida de millones de personas. Nadie espera que López Obrador sea infalible. Al contrario, ningún mandatario lo es, y precisamente por eso a lo largo de los años, el Estado mexicano ha construido instituciones altamente especializadas y autónomas, que sirven para señalar fallas de forma que se pueda corregir y mejorar permanentemente.

No obstante, el Presidente ve en los organismos autónomos enemigos que lo quieren obstaculizar, que atrasan sus planes. Resulta irónico, porque de hecho, podrían ser aliados valiosos en su proyecto.

Lo que en realidad incomoda a López Obrador es que estas instituciones evalúen sus políticas públicas más allá de su control personal, fuera de la zona de confort que es la corte de los halagos que lo rodea. Por eso ha emprendido una campaña para destruirlas o poner al frente a sus incondicionales. Los ejemplos abundan: la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, los recortes al Inegi, los embates al Instituto Federal de Acceso a la Información. Más recientemente, el Coneval, encargado de evaluar la política contra la pobreza, un tema de particular importancia en las promesas del Presidente.

Para justificar esta guerra, AMLO ha usado argumentos francamente falsos. Dice que son onerosos. En realidad, sus presupuestos son justificables, e incluso insuficientes, para realizar todas las responsabilidades que tienen (el presupuesto del Coneval equivale a 0.008% del gobierno). Menciona que algunos de sus integrantes llevan muchos años en el puesto. Sí, se llama especialización, que es justo lo contrario a la improvisación que predomina en su gobierno. Alega que no respaldan su proyecto político. Justo para eso sirven, para ser objetivos, no complacientes, ni con él ni con ningún otro gobernante. Dice que despolitizan la vida pública. En realidad, enriquecen con técnica la labor del gobierno y dan fundamento a lo que de otra forma serían solamente narrativas vacías.

A estas alturas sería ingenuo pensar que AMLO va a escuchar razones y cambiar de opinión.

Queda defender a estos organismos y a su autonomía: desde la oposición partidista, ciudadana, académica y mediática.

Es eso, o perder a las únicas instituciones que nos pueden decir cómo va el país en realidad.

Es eso, o resignarnos a que el gobierno se evalúe a sí mismo y se hunda en sus propios errores ahogándonos a todos en un mar de ocurrencias y desaciertos.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE

DIPUTADO DEL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO

@GUILLERMOLERDO

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