La furia hechicera del mar

El mar es de una belleza hipnotizante. Puedes contemplarlo por horas, pero te hechiza hasta hacerte caer en sus aguas, a veces, muy salvajes

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México
Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Hay que mirarlo con respeto. No tenía más de 4 años cuando fui revolcada por primera vez en mi vida por las olas del mar. Fue en una playa de Acapulco y tengo el recuerdo aún fresco. Estaba cerca de la orilla tomada de la mano de mi madre, mi hermana mayor y una de mis tías paternas. Supongo que esa mañana el mar estaría furioso y se acercó a nosotras con hambre. Sus aguas nos devoraron hasta tumbarnos y hacernos girar sin poder respirar. Recuerdo haber intentado varias veces asomar la cabeza a la superficie para recuperar el aire, ponerme nuevamente de pie y evitar la zarandeada. Pero el mar era más fuerte y poderoso que nosotras. Me arrebató la mano de mi madre para volver a devorarme y entonces yo nuevamente, con los ojos muy abiertos, tragando litros de agua salada y agitando mis bracitos, luché contra él para volver a respirar.

En medio de mi incansable batalla, la mano de mi madre me alcanzó para rescatarme y llevarme a la orilla. Allí me vi cubierta de arena hasta en los lugares más recónditos de mi pequeño cuerpo. No dejaba de toser mientras miraba al mar con susto, pero, más aún, con enojo de haberme sacudido así sin merecerlo, ni esperarlo.

La vida, por momentos, nos arrastra a olas que nos sacuden igual que el furioso mar.

Anteriormente en este espacio he hablado de ser víctima de un acoso mediático que no me ha dado tregua en un año y 4 meses. Ahora, con la cancelación del programa Intrusos, en el cual participo desde hace 8 meses, nuevamente las olas intentan doblegarme entre un sinfín de rumores falsos e infundados sobre las razones de esta anulación, así como sobre mi futuro profesional.

Y así ha sido todo este tiempo. Un constante luchar contra el mar, resistiéndome a que las olas me devoren y me ahoguen. De pronto salgo y tomo aire, me recupero un poco y, cuando ya estoy acercándome a la orilla, viene un nuevo rumor con sus aguas salvajes y me agita, me hace girar, tragar agua salada, me llena de arena y me asusta como cuando tenía 4 añitos.

Pero también me enoja porque, una vez más en la vida, no espero, ni merezco esos revolcones.

La pregunta insistente es ¿qué voy a hacer profesionalmente ahora que termine el programa? Y la respuesta es muy sencilla: ¡Voy a descansar! Porque mi cuerpo está agotado del esfuerzo incesante que ha hecho en esas batallas marítimas por salir a la superficie a respirar.

Quiero contemplar el mar un tiempo desde la arena porque necesito recuperar fuerzas para que, cuando el mar vuelva a hechizarme, yo me deje envolver por sus aguas furiosas sin que me vuelva a revolcar.

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@ATASARMI

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