La figura de Peña se diluye

Peña Nieto arribó con un alto grado de expectativa que lo colocaba por arriba de 50%

Adriana Moreno / Colaboradora / El Heraldo de México

Una vez que el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene ya, -como él mismo dice- las riendas del poder en las manos, la figura de su antecesor, Enrique Peña Nieto, se diluye para incorporarse al pasado más inmediato.

Pronto, ya nadie se acordará de él, ni siquiera porque las tuvo que pasar muy difíciles el 1 de diciembre, cuando López Obrador se convirtió en presidente constitucional.

Y como ésta es una de las últimas referencias a la persona del mexiquense, que optó por retirarse de la vida pública y política para reinventarse, según lo declaró la mañana de ese día histórico, hay que recordar que en diciembre del 2012, Peña Nieto arribó con un alto grado de expectativa que lo colocaba por arriba de 50 por ciento.

Seis años después -antes de concluir su gestión-, apenas alcanzó 23 por ciento de aprobación, volviéndose así el presidente con más baja calificación, si se le compara con sus cuatro antecesores hacia el final de sus respectivos gobiernos: Felipe Calderón Hinojosa, 56.6%; Vicente Fox, 57.9%; Ernesto Zedillo, 54.9%, y Carlos Salinas de Gortari, con 73.1% de aprobación, por increíble que pueda parecer este último dato.

En suma, Enrique Peña Nieto es el presidente peor evaluado de los últimos treinta años.

Todas las encuestas que se hicieron al cierre de la administración peñista, coincidieron en que 74 por ciento desaprobó las últimas acciones del mexiquense.

En términos llanos, sólo dos de cada 10 mexicanos aprobaba su gobierno y el descenso llegó a colocarse en apenas 18 por ciento.

Así, Peña Nieto cerró la cortina de su gestión inmediatamente después de las elecciones del pasado 1 de julio y luego de un tremendo desgaste al que fue sometido incluso, hasta el 1 de diciembre, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador dirigió un muy duro discurso en contra del neoliberalismo.

De hecho, los comicios y antes, las campañas se convirtieron en factor decisivo para la caída de la popularidad y aceptación que llegó a tener el exmandatario, porque durante las campañas, el común denominador fue señalar todos los errores cometidos a lo largo de su sexenio.

Si se revisa grosso modo la Presidencia que ejerció el mexiquense, se puede apreciar que sus altos índices de popularidad se mantuvieron hasta noviembre de 2013 y de ahí vino el descenso, siendo la causa detonante, las 11 reformas implementadas durante los primeros meses de su gestión, que iban destinadas a transformar la vida del país y de los mexicanos: la Reforma Energética; la Hacendaria; Reforma Político-Electoral; la Laboral; la que tiene que ver con la Competencia Económica; Telecomunicaciones y Radiodifusión; las reformas Financiera y Educativa; la Nueva Ley de Amparo y la Reforma en Materia de Transparencia, varias de ellas, impopulares o que el expresidente manejó mal, lo que al final, lo llevó a él y a su partido, el PRI, a la debacle electoral más amarga.

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