La fe y el pueblo

Hoy más que nunca necesitamos un discurso que invite al consenso y a la deliberación constructiva

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / El Heraldo de México

La Semana Santa es un espacio marcado por la agenda religiosa.

Del mismo modo, son días de descanso y de vacación, pero, sobre todo, es un periodo de reflexión.

En este sentido, los días santos ponen a prueba nuestras convicciones religiosas, esa fe que los mexicanos abrazamos buscando superar múltiples calamidades y a la que agradecemos de vez en vez las bendiciones que también nos brinda la vida.

De repente, esa fe que tanto nos caracteriza ha encontrado un camino para adentrarse en lo político. En un momento complejo de nuestro país, las y los mexicanos decidieron apostar por el proyecto de un Presidente que continuamente se entremezcla entre los simbolismos de la religión.

Frontalmente, ha apelado a la esperanza basada en actos de buena voluntad, más que de buen gobierno.

Así, desde la fe, la ciudadanía escucha con asombro homilías de buenos y malos, de mucho pasado y poco futuro.

Hemos sido testigos de discursos cargados de momentos en donde los lugares comunes siempre llevan a los mismos culpables, a las mismas causas, y también a las mismas recetas.

En pocos meses de la actual administración, ha quedado claro que gusta del ejercicio del enfrentamiento, principalmente, desde la plaza pública; gusta de buscar coyunturas más que de planear, de aislarse más que de sumar.

Sin embargo, hay que reconocer que el actual gobierno federal sabe comunicar un mensaje concreto y hablar para el pueblo, ese pueblo que tiene fe.

Por eso, la oportunidad que se tiene enfrente es fundamental, porque hace mucho no aparecía esa capacidad de convocar con tanto sentido de esperanza.

La fe que tienen los mexicanos en este gobierno es un capital político inexorablemente grande. Conducido con responsabilidad y serenidad, puede ser capaz de generar acuerdos y vencer muchas inercias que no nos permiten avanzar.

Con lo anterior, resulta deseable para el crecimiento y desarrollo de nuestro país que el liderazgo convoque a la unidad, a la tolerancia y a la capacidad de transformar la energía positiva en una visión de país y de gobierno.

Entre la incertidumbre externa e interna, hoy más que nunca necesitamos un discurso que invite al consenso y a la deliberación constructiva.

Estamos en un momento trascendental de nuestra historia, un momento para decidir qué tipo de nación queremos ser.

Por supuesto que las y los mexicanos tendremos diferencias en torno a muchos temas, pero lo importante es encontrar esos puntos medios, esos escenarios en donde la expectativa, junto con los argumentos, produzcan mejores estrategias para nuestro país.

Si vamos a tomar las oportunidades que tenemos por delante, entonces es imprescindible traducir toda esa fe, toda esa esperanza que se ha acumulado durante tantos años en resultados positivos para México. No hay de otra.

 

JAVIER GARCÍA BEJOS COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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