La estrategia mexicana con Japón

Una opción es incorporar a este esfuerzo a la Asociación Mexicana de Exbecarios de Japón

Adolfo_Laborde
Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México

En mi colaboración pasada hablé del tercer foro México en el camino hacia la diversificación: potencialidades para el futuro, que se llevó a cabo en el Senado de la República. En resumen, se realizó un diagnóstico del Estado del Arte de la relación entre México y Japón, del cual se podría partir para delinear una política pública bilateral para profundizar y generar las condiciones propicias para que dicho deseo se lleve a cabo.

La gran pregunta es ¿cómo hacerlo? Aquí me gustaría referirme al tema de la estrategia y ejecución que abordé en mi libro Shosha Man II (Hombre Empresa, 2013), en el cual establezco que Debe haber una liga en todo proceso de ejecución entre la estrategia y la gente.

En otras palabras, se debe dejar claro lo que se quiere y no dejar nada a las suposiciones o interpretaciones del ejecutor. Esto es una tarea titánica, si consideramos que para que esta inercia exista entre el estratega y el operador, debe de haber por lo menos dos años de trabajo en equipo.

A esto, según Larry Bossydi y Ram Charan se deben de tomar en cuenta tres elementos: 1) Una evaluación profunda; 2) Un marco de referencia y 3) Llenar el liderazgo, que no es otra cosa que un plan estructurado y sólido de sucesión.

Si consideráramos estos tres elementos en la relación con Japón, los siguientes pasos a seguir serían, desde mi perspectiva, lo siguiente: a) Partir de lo que se estableció en el conversatorio, claro, considerando la historia reciente de la relación comercial bilateral sin caer en más diagnósticos que cuando se abusa de ellos, se cae en la parálisis; b) El marco de referencia está en lo que se ha hecho en el pasado, es decir, buscar lo alcanzado en los grupos de trabajo México-Japón, las reuniones parlamentarias y los programas de apoyo como el de Líderes del Siglo XXI, que coordinan varias organizaciones vinculadas con Japón.

Y finalmente, c) Se deben de encontrar los liderazgos para que la diversificación se ejecute, es decir, democratizar a los actores que tradicionalmente han tenido el monopolio de la relación (empresarios-empresas, especialistas, académicos, agentes de gobierno, por ejemplo) integrando a nuevos actores de la sociedad civil.

Una opción es incorporar a este esfuerzo a la Asociación Mexicana de Exbecarios de Japón (AMEJ). Entre sus miembros hay agentes de cambio muy poderosos, que con sus conocimientos adquiridos en Japón luego de sus estudios (investigación, maestría, doctorado, maestros en servicio y perfeccionamiento del idioma) pueden darle vigor y propiciar un mayor intercambio entre los dos países.

En un mundo lleno de incertidumbre no sólo México necesita a Japón, sino que ellos nos necesitan a nosotros. Ojalá y que lo que en este conversatorio se planteó sirva para dar un impulso hacia la profundización de las relaciones entre dos socios estratégicos que además de intereses mutuos, mantienen una relación de amistad de muchos años.

POR ADOLFO LABORDE

ANALISTA INTERNACIONALISTA

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