La entrevista más intensa

Me enfrento a una pregunta recurrente: ¿Cuál crees que ha sido tu mejor entrevista?

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México
Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Por mi parte sería inmerecido ponerlas en un sólo doble terreno de buenas o malas porque van en una gran escala de sabores. Pero sí puedo hablar de una de las entrevistas que más nerviosa me ha puesto por la impresión que me provocó.

En 1998 se lanzaba Lost in Space, una cinta de ciencia ficción intrascendente, pero con un reparto muy atractivo. Tuve que viajar para hacer las entrevistas de promoción con Mimi Rogers, la primera esposa de Tom Cruise; Matt Le Blanc, sí, el famoso Joey de Friends; Gary Oldman, y William Hurt, quien canceló su participación a última hora porque no le gusta la prensa.

Desde que vi a Gary Oldman en la cinta JFK en el 91, me dejó muy impresionada su interpretación de Lee Harvey Oswald y desde entonces se convirtió en uno de los actores que más admiré y respeté. De entrada, poder conocerlo, era algo muy emocionante para mí.

Lo que no sospechaba es lo que me sucedió la mañana de un miércoles cualquiera en Nueva York rumbo a mis entrevistas. Las sesiones serían en el último piso del hotel donde hospedaban a toda la prensa.

Tomé un elevador para ir puntual a mi cita. Iba sola en el cubo metálico cuando, antes de llegar al último piso, las puertas se abrieron y ahí estaba frente a mí de carne y hueso el mismo Gary Oldman, quien se introdujo serio pero amable lanzando un seco y cortado: Buenos días, al que respondí con voz temblorosa.

Me quedé de brazos cruzados en una esquina del elevador a solas con él y no me atrevía ni a respirar, ¡menos a girar la cabeza, y mirarlo o decirle algo!

De reojo lo veía recargado en una de las paredes estirando el cuello hacia un lado y otro, suspirando fuerte como si estuviera cansado.

Llevaba unos jeans oscuros, un suéter azul marino con cuello de pico, unos botines color miel y el pelo desaliñado. No era alto, ni fornido, pero así de menudo llenaba el cubo entero con una vibra potentísima.

Llegamos al último piso y él salió primero deseando un buen día y me empezó una temblorina que ya no pude detener. Por fin, entré a la habitación en la que me esperaba; lo primero que hice fue felicitarlo porque era su cumpleaños y comencé la entrevista intentando aparentar temple. Sólo tenía cinco minutos que poco pude aprovechar porque se movía lento y era intenso.

Me quedó el gusto de que ante una de mis interrogantes dijo: Qué buena pregunta y se tomó varios segundos para pensar su respuesta en lo que se acomodaba en su silla. Sus pequeños e hinchados ojos azules me lanzaban miradas agudísimas de las que se clavan como daga.

Ahí lo tenía siendo Drácula, Sid Vicious, Beethoven. Era ellos y era Gary.

El resto de mis entrevistas ya fueron enchiladas…

POR ATALA SARMIENTO
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@ATASARMI

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