Polarizaciones

Hoy podemos ver en casi todos los ámbitos un ambiente de división y clima beligerante

Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México
Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México

La sociedad en su conjunto parece que ha tomado bandos y la vía es el discurso maniqueo. Izquierda o derecha; rojo o azul; comunista o capitalista; Estado o mercado; liberal o conservador; democracia o dictadura; chairos o fifís. Ellos versus nosotros. Parece ser que en el inicio de este año acarreamos con la inercia del anterior y sus polarizaciones.

Si bien, desde sus inicios la política ha buscado consensuar la idea de lo común, y la democracia como su mejor vehículo, ésta ha puesto de manifiesto que los disensos fortalecen la idea de sociedad, sin embargo, desde la visión de los extremos, estas ideas pueden llegar a ser dañinas tanto para la política, como para la misma democracia. Hoy podemos ver, escuchar, leer en casi todos los ámbitos un ambiente de división, e incluso, un clima beligerante. Desde el taxista en el desempeño de su trabajo, hasta el doctor en Ciencia Política sobre la arena de twitter, que más bien parece la arena del coliseo romano.

Este ambiente polarizado no solo se vive en México, pasa en los países europeos como en la Gran Bretaña y los bandos a favor o en contra del Brexit; o en los países sudamericanos como en Ecuador donde los bandos se concentran entre correístas vs. morenistas, o en Brasil, que recién comienza el gobierno de Bolsonaro y la oposición que añora los tiempos de Lula tienen dividido el país; o en EU, donde es muy claro el disenso social entre los que apoyan a Trump y los que esperan que los demócratas vuelvan al timón en 2020. Ahora bien, volviendo a la situación de nuestro país, es de notoria relevancia la división de opiniones que han causado las primeras acciones del gobierno del presidente López Obrador. Como muestra el botón de la cancelación del NAIM que provocó semanas enteras de columnas en los diarios y una marcha de personas vestidas de negro.

Considero que está bien que los temas públicos se discutan y se debatan para llegar a las soluciones que mejor convengan al país, lo que no debería de ocurrir son las descalificaciones e insultos que estos debates provocan. Ejemplo de esto, fue la noticia que sacudió a nuestra nación al mediodía del 24 de diciembre, con el desplome del helicóptero donde viajaban la gobernadora de Puebla, Érika Alonso y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle y que, sin recato ni información fidedigna se comenzó a culpar de este suceso a AMLO y la respuesta de éste fue tildar a sus agresores de neofascistas. Si en verdad se quiere reconstruir el tejido social, debemos comenzar por el lenguaje, elevar el discurso y mostrar mayor nivel en los argumentos. Esto atañe a los comunicadores, a la comunidad twittera, a la clase política -sea a la oposición o el partido en el gobierno- y, por supuesto, al Presidente. Hemos comentado que las palabras no son inocuas, y en la actualidad, con un ambiente social atrincherado, se deben de cuidar aún más. En este momento las palabras, argumento y acciones del mandatario nacional tendrán que fungir como amalgama para esta sociedad polarizada.

 

 

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