La dualidad de la política exterior

Con el asilo a Morales, el gobierno de AMLO se colocó en el "liderazgo" de las naciones de izquierda

José Carreño Figueras / Desde afuera / El Heraldo de México
José Carreño Figueras / Desde afuera / El Heraldo de México

¿Hacia dónde se dirige la política exterior mexicana?

La pregunta es pertinente porque hoy parece ir simultáneamente en dos direcciones ideológicamente divergentes, pero no necesariamente excluyentes.

Una, un refrendo que para algunos es realista de la íntima y complicada relación con Estados Unidos.

La otra, un presunto acercamiento a la izquierda latinoamericana. Desde su campaña política, el propósito declarado del presidente Andrés Manuel López Obrador fue un retorno a la Doctrina Estrada, que en gran medida permitió que los gobiernos mexicanos entre los años 1930 y 1980 desarrollaran un juego de equilibrios políticos. Pero, con una sola acción, el asilo al boliviano Evo Morales, el gobierno de López Obrador se colocó, o por lo menos algunos quisieron ubicarlo, en el liderazgo de las naciones latinoamericanas consideradas como de izquierda: Argentina, Cuba, Nicaragua, Venezuela.

Pero ese papel podría ponerlo en un rumbo de confrontación con Estados Unidos, el principal socio comercial y de seguridad del país, aunque también un aliado complicado y con una presencia ominosa en el imaginario de las izquierdas mexicana y latinoamericana.

La relación entre México y Estados Unidos es siempre complicada. Por un lado está la obligada intimidad reflejada en la integración socio-económica y en cifras comerciales y de población.

Por otra parte, la dura realidad de la crisis migratoria, que a mediados de año llevó al gobierno del presidente Donald Trump a exigir que México pusiera un alto a las caravanas de refugiados centroamericanos hacia Estados Unidos o enfrentar sanciones comerciales. La cercanía llevó también a la atención puesta en la matanza de niños y mujeres de una familia de doble nacionalidad en las montañas entre Sonora y Chihuahua, y una aparente renovación de vínculos de seguridad entre los dos países.

La cuestión migratoria irritó a muchos activistas dentro y fuera de México, que acusaron al gobierno de hacer el trabajo sucio de la administración Trump, mientras que la oferta de ayuda policial y militar estadounidense para enfrentar a los cárteles el narcotráfico causó inquietud dentro del país.

La que ha resultado una muy debatida decisión de ofrecer asilo al líder boliviano le permitió, sin embargo, cambiar la narrativa, aun a costa de un alejamiento de otras cancillerías.

La Doctrina Estrada fue al menos la explicación del subsecretario Maximiliano Reyes al alejamiento mexicano del Grupo de Lima, creado para tratar de encontrar una solución al problema venezolano y que ha terminado por chocar con el gobierno de Nicolás Maduro.

En su momento, la aparente equidistancia y supuesta voluntad de servir como puente fueron los argumentos que sirvieron a la política exterior mexicana y que ahora el gobierno López Obrador dice querer recuperar.

Pero en este siglo XXI, decirlo es más fácil que hacerlo.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

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@CARRENOJOSE

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