La desmilitarización de México y sus peligros

Con carencias anticipadas en cuanto a infraestructura y equipamiento, quedan la educación, capacitación y doctrina como el punto medular...

Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México
Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México

Ante la creación de la Guardia Nacional, que hasta el momento parece absorberá la mayor parte de atención mediática y presupuesto, lo que está en riesgo es la desmilitarización de las Fuerzas Armadas, al enfocar el grueso de sus funciones hacia la seguridad pública desde un enfoque civil.

Mucho se escribe sobre la ‘militarización del país’, o concretamente sobre la ‘militarización de la seguridad pública’ sin embargo, vale la pena obtener una referencia comparativa seria para formular análisis coherentes. A ese tenor, a principios de febrero, Gerardo Rodriguez Sánchez-Lara capto la esencia de lo que es una sociedad militarizada en su columna ¡El país no está militarizado! Rodriguez apunta acertadamente que el nivel de militarización de una sociedad es medible a través del índice GMI elaborado por el Bonn International Center for Conversion (BICC) de Alemania, y que, en este índice en cuestión de militarización, México ocupa el lugar 119 de 155 países analizados.

Las Fuerzas Armadas son el compendio de una base fundamental de personal (hombres y mujeres en fuerzas modernas) con educación, capacitación y doctrina, que operan alrededor de una infraestructura física fija y de varias clasificaciones de equipo. Para todo lo anterior se necesita inversión constante. México tiene y ha tenido un grado de militarización significativamente bajo en –por lo menos– los últimos 50 años. Lo que es sorprendente es que las Fuerzas Armadas mexicanas han logrado sobrevivir con presupuestos raquíticos, comparables a 0.5% del PIB y aun así construir las instituciones mejor percibidas del país. Imaginemos el papel podrían jugar en México y en el mundo, si tuvieran un presupuesto real equivalente a 1.3% del PIB –la media latinoamericana– o de 2.1% del PIB –la media mundial.

En la mayoría de los países con alto grado de militarización, la sociedad es menos sensible a la conducción militar de instituciones gubernamentales, pues el nivel de riesgo o amenaza de una guerra lo elimina. El punto de contacto principal entre la sociedad y sus Fuerzas Armadas en muchos casos radica en el Servicio Militar Nacional, es decir, en que una proporción de los ciudadanos sean parte de las Fuerzas Armadas durante un periodo de su vida, por lo general cuando se adquiere la mayoría de edad legal de 18 años, etapa por lo general formativa para el individuo, pues se convierte legalmente en adulto. En algunos países la conscripción es mucho más larga –hasta 4 años– y universal, es decir, incluye a hombres y mujeres de manera obligatoria. Mediante este ejercicio, en muchos casos, se crea un sector productivo, eficiente, organizado y disciplinado que eventualmente traduce en capital humano de alta calidad. En México el SMN si bien tiene carácter de obligatorio, es sólo parcial pues se elige mediante un sorteo público –utilizando a un niño menor de 10 años para sacar bolas blancas o negras de un ánfora– y es electivo para las mujeres –lo que es en tiempos modernos discriminatorio. El SMN en México se percibe generalmente como un agravante negativo para quien ha sido agraciado con bola blanca, que por lo general significa dedicar los sábados de un año para ir a marchar (recibir capacitación similar al Curso de Adiestramiento Militar Básico Individual) o realizar labores de servicio social. Si bien desde 2014 existe la opción de encuadrarse en una compañía militar por espacio de 3 meses, en términos generales el SMN de México es una versión light (parcial y limitado), que corrobora el bajo nivel de militarización en la sociedad.

En cuestión de equipo pesado para la defensa, es triste analizar el estado del inventario nacional: en el resto de América Latina hay unos 500 aviones caza… en México hay 3, todos ellos con más de 35 años encima –es decir tecnología de principios de los 1980; de los más de 2,570 tanques de combate latinoamericanos, México posee exactamente cero, igualmente de los 31 submarinos en servicio ninguno exhibe bandera mexicana y de las 47 fragatas en servicio, México cuenta con una –eso sí nueva–. Aparentemente, la señal hasta ahora es que los programas de modernización de los dos sexenios anteriores –que lograron aproximadamente la tercera parte de sus requisitos– tendrán que ser seguidos por una pausa en la inversión en equipo.

Con carencias anticipadas en cuanto a infraestructura y equipamiento, quedan la educación, capacitación y doctrina como el punto medular para evitar la descomposición de las fuerzas armadas.

El riesgo visible está en que el enfoque se concentre únicamente en una doctrina para fuerzas de seguridad interior, politizando y seguritizando (sic) a los elementos militares que las complementen –sea que se denominen Gendarmería o Guardia Nacional– y que eventualmente arrastre a otros sectores de las fuerzas armadas hacia la corrupción, la pérdida de valores y una descomposición de moral generalizada. Ése es el riesgo, convertir a nuestros militares en policías.

*Consultor de la compañía Jane’s en Washington, DC.

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