La desaceleración ya está aquí ¿Qué hacer?

Antes de llegar al poder, el Presidente ya estaba anunciando decisiones poco reflexivas y hoy está sintiendo las consecuencias

Fausto Barajas / Articulista invitado / Heraldo de México
Fausto Barajas / Articulista invitado / Heraldo de México

Durante el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, la economía mexicana sufrirá una desaceleración. El Presidente insiste en que la economía marcha muy bien, sin embargo, la realidad parece no sumarse a sus buenos deseos.

En diciembre de 2018, primer mes de este gobierno, la economía se contrajo 0.4 por ciento, medido con el Indicador General de la Actividad Económica. A lo largo de todo 2018, la economía registró un crecimiento de 2.0 por ciento.

Sin embargo, la perspectiva para 2019 está caracterizada por una desaceleración económica; los bancos, calificadoras y especialistas colocan su pronóstico de crecimiento por debajo de lo alcanzado en 2018: Bank of América (1.0), Credit Suisse (1.2), Citi Banamex (1.4), Scotia Bank (1.6), Banco de México (1.6), Goldman Sachs (1.6), JP Morgan (1.7), Moody’s (1.7), Barclays (1.8) y Santander (1.8).

La cancelación del aeropuerto, los despidos masivos, el desabasto de gasolina, la cancelación de las subastas energéticas, la impericia de los nuevos funcionarios, la perspectiva negativa de la deuda soberana y de Pemex, la disminución de promoción turística, el crecimiento de la violencia, el ataque a los entes autónomos y el mantenimiento de prácticas que dan espacio a la corrupción en la contratación gubernamental, son ingredientes que, mezclados, forman un cóctel tóxico para la economía mexicana.

El pronóstico de crecimiento 2019 de los especialistas consultados por el Banco de México ha pasado de 2.35 en enero de 2017 a 1.64 por ciento en febrero de 2019 y no se ve que la perspectiva mejore.

Además, en diciembre el consumo privado se contrajo 0.1 por ciento, la inversión fija bruta menos 0.7 por ciento y en enero el gasto del gobierno cayó 1 por ciento.

El gobierno tuvo un inicio adelantado. Antes de llegar al poder, el presidente ya estaba anunciando decisiones poco reflexivas y hoy está sintiendo las consecuencias. Sin embargo, está a tiempo de implementar una estrategia de estilo contracíclico para que en la segunda mitad del año la economía tenga una perspectiva positiva.

Si hubiera capacidad de corregir, el presidente podría anunciar que continuará con el aeropuerto de Texcoco y reanudar con las subastas eléctricas y las rondas petroleras. Pero si el orgullo es demasiado, al menos podría lanzar un ambicioso y articulado Programa de Infraestructura con el fin de alinear los esfuerzos del gobierno federal, estatal y local, así como dar certidumbre a los constructores, sus proveedores y a los inversionistas en este sector.

El programa de infraestructura tiene que ir más a allá de los tres proyectos estrella del presidente. Debe considerar una visión sistémica y de largo plazo para los sectores de agua, ciudades, energía y transporte. Y debe ser ejecutado de forma eficaz y transparente, así como considerar inversiones que alcancen 6 por ciento del PIB.

Si bien es cierto que el presupuesto 2019 está orientado al gasto corriente, los subejercicios en programas como el de Jóvenes Construyendo el Futuro se podrían canalizar a obras de infraestructura. Por otro lado, y de forma inmediata, la presidencia debe establecer una mesa de coordinación entre las diferentes dependencias para agilizar la ejecución de los proyectos. La desaceleración ya está aquí y en manos del gobierno está que no se convierta en la primera recesión de origen interno de los últimos 25 años.

 

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@faustobarajas

 

 

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