La del Estado de México, no es la Presidencial

Dícese que lo que suceda el próximo 4 de junio en esta entidad será una especie de termómetro y ensayo de lo que sucederá en el 2018


Tiempos electorales de gran trascendencia terminan el próximo mes en Veracruz, Coahuila, Nayarit y Estado de México, y se han visto eclipsados por la compleja problemática que padece el país y que pareciera estar desbordando a un Gobierno Federal que se percibe incapaz para contenerla, resolverla o administrarla, y ha optado por, desde ya, en apuntar a la elección presidencial del próximo año como la solución.

Para muchos las elecciones del Estado de México tienen un tinte de elección presidencial. Dícese que lo que suceda el próximo 4 de junio en esta entidad será una especie de termómetro y ensayo de lo que sucederá en el 2018. Nada más falso que eso, cada elección tiene su propia circunstancia. Si bien podría decirse que ese resultado electoral influirá en el contexto preelectoral de las presidenciales, está fuera de lugar decir que lo que pase en este estado será lo veremos el próximo año a nivel nacional.

México está cansado de las ofertas políticas de siempre, y esto está por verse en el Estado de México, en donde es bien sabido que sigue operando el voto de la pobreza. Aquéllos de las campañas del dinero y del populismo, PRI y Morena, tratarán de cooptar a los que menos tienen ofreciendo circulante y promesas maniqueas. Días previos a la elección los buscarán e intentarán comprar su voluntad indicándoles por quien votar; para estos partidos la pobreza es su mercado electoral. Millones de pobres que ponen los votos, mientras los menos ponen el disfrute. La pobreza es pues un mecanismo útil al poder corruptor que representa el PRI, lo mismo que a la ambición de los mesiánicos y maniqueos de Morena. En sociedades mayoritariamente empobrecidas como la nuestra, siempre salen ganando los que copian, entregan o controlan los padrones de beneficiarios y partidistas, no importa si son de izquierda, centro o de derecha.

La elección presidencial del primer domingo de julio del dieciocho, será con actores, partidos y alianzas diferentes, y quien proponga una visión de futuro viable y convincente, de inclusión, unidad y sobre todo de equilibrio, logrará las mayores simpatías. En estas latitudes no hay circunstancias para un Macron tropical o un mesías salvador, ni para los ladrones y corruptos de siempre. Aquí, en México, va a ganar quien convenza a los indecisos sobre realidades y verdades, más allá de derecha o izquierda, con una propuesta que surja del partido o la alianza ganadora y los trascienda, con un abanderado o abanderada con la que se identifiquen los indecisos.

Diacrítico: Rumbo a la elección presidencial en México, no valdrán los modelos extranjeros, ni el francés de Macron, ni el venezolano de Chávez-Maduro, ni mucho menos el modelo tradicional corrupto de siempre. La elección no la decidirán el voto duro ni las ideologías, ganará quien pueda sostener palabras, verdades y realidades genuinamente.

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