La débil postura de AMLO frente a las acciones de Nicolás Maduro

México debería de estar a la altura, el gobierno ha decidido brillar por su ausencia

Mariana Gómez del Campo /  Heraldo de México

La juramentación de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, el 23 de enero, ha despertado en el pueblo venezolano la esperanza de la libertad, la restauración de la democracia y del acceso a artículos de primera necesidad. En los últimos años, el país sudamericano se ha visto sumergido en una de las crisis más alarmantes de la región motivada por el régimen dictatorial de Nicolás Maduro.

Diferentes países, entre los que destacan Brasil y Colombia han coincidido en sus voluntades y han respaldado iniciativas para hacer llegar la ayuda humanitaria a miles de venezolanos que están muriendo de hambre o por la falta de acceso a medicamentos, la ayuda internacional a Venezuela ha llegado ya de varios países, sin embargo, en un momento tan delicado y en el cual México debería de estar a la altura, el gobierno ha decidido brillar por su ausencia.

Por su parte, el régimen de Maduro y sus cercanos no piensan ceder un ápice del poder que ilegítimamente mantienen. Prueba de ello fue su actitud mezquina y hostil, el 23 de febrero, día en el que el pueblo venezolano se unió para hacer llegar la avalancha humanitaria, la respuesta fue un ataque contundente a la estrategia de ingreso, instalando barreras, organizando escuadrones para disparar a matar y quemando vehículos con alimentos y medicinas. Maduro le apostó nuevamente a la represión, la polarización y a una política de exterminio para aferrarse a una realidad que sólo existe en su imaginación, pues una parte importante de los venezolanos ya no lo respaldan.

Las imágenes de camiones cargados con alimentos y medicinas que se consumían en llamas, y la muerte de más de 30 personas a manos de los colectivos armados fieles al chavismo, no son más que producto de la obstinación de una élite gobernante pero que dibujan la antesala del último capítulo de una etapa de un régimen populista, clientelista y autoritario. Todo esto se dio mientras el usurpador del Palacio de Miraflores bailaba en televisión nacional.

La postura del Grupo de Lima, coalición de países americanos al que perteneció México pero abandonó con la llegada de López Obrador a Palacio Nacional, ha dado otro paso incrementado la presión internacional sobre el dictador, pues ha decidido solicitar a la Corte Penal Internacional que tome en consideración la grave situación humanitaria en Venezuela, la violencia criminal del régimen de Nicolás Maduro en contra de la población civil, y la denegación del acceso a la asistencia internacional, pues todo lo anterior constituye un crimen de lesa humanidad.

Hoy más que nunca es evidente que Venezuela no puede luchar por sí misma contra el grado de represión, muerte y discriminación, por eso ahora, al igual que en los años en que la diplomacia mexicana era un ejemplo mundial, el gobierno mexicano debería replantearse su participación en la restauración de la democracia y la paz que el régimen de Chávez y Maduro le robó a los venezolanos, pues con su postura omisa, el gobierno de López Obrador se ha quedado solo. Es tiempo de actuar.

 

COLABORADORA

@marianagc

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