La congruencia indispensable

El problema como sociedad es que no ha habido una participación real más allá de estar en las urnas

Juan Francisco Torres Landa R./ Columnista invitado/ Opinión de El Heraldo de México
Juan Francisco Torres Landa R./ Columnista invitado/ Opinión de El Heraldo de México

Vaya que hemos visto muchas cosas a las que no estábamos acostumbrados ni preparados. Y lo digo con la mayor objetividad y ecuanimidad posible. Y es que es claro que a partir de la elección del año pasado hemos presenciado cómo la 4T y, en concreto, AMLO han cambiado mucho el ambiente de toma de decisiones y de implementación de nuevas políticas públicas. A más de un año de distancia veamos cuáles son los resultados y perspectivas.

El mandato del electorado fue muy claro. Había que atacar los excesos. La corrupción e impunidad habían llegado a los niveles más escandalosos de los que se tenían noticia, y la inseguridad y la violencia lograron rebasar todos los umbrales y niveles históricos. El tema es si esas prioridades se han abordado o no, y cómo se comparan con la realidad que hoy vivimos.

Es memorable el hecho de que la democracia pueda generar cambios y que las transformaciones se den como resultado de un ejercicio pacífico de sufragio. También lo es que un diagnóstico sobre carencias, corrupción e impunidad hayan enarbolado el bastión de lo que fue una campaña electoral exitosa. Sin embargo, hay una señal de alarma en la que los ciudadanos tenemos que abrir los ojos y actuar en forma coordinada.

Es claro que existen enormes sectores de la población que han sido tradicionalmente ignorados o desprotegidos, y que en la especie son objeto de una enorme afectación por serias carencias que hoy nos tienen como uno de los países con mayores diferencias en su desarrollo social y económico.

Atender dichas diferencias y abismos de inequidad deben ser un objetivo permanente de las políticas públicas que se diseñen e implementen en todo momento (eso sí, con bases científicas, con métricas creíbles, y con sustentos metodológicos).

En atender dichos problemas y abatir sus consecuencias nadie está en discrepancia. No obstante, lo que reiteramos es la importancia de que las medidas y políticas que se adopten sean consecuentes con los objetivos trazados.

Es en ese tenor donde vemos cuestiones que nos preocupan, sobre todo porque se han venido adoptando decisiones que no encuentran, en muchos casos, estricto apego legal, y en muchos otros se presenta un efecto de demagogia y de no querer medir resultados. Esa toma de decisiones por parte del gobierno federal constituye una señal preocupante que no puede pasar desapercibida.

La adopción de decisiones debe hacerse con pleno análisis de las opciones, estudio de la problemática específica, validar las mejores prácticas internacionales del caso, confirmar las métricas a seguir para evaluar resultados y, en general, los datos duros para justipreciar la mejor alternativa del caso.

Sin embargo, en lo que va de la presente administración, hemos visto una dinámica muy distinta. Bajo el tenor de hacer las cosas diferentes, e inmersos en un discurso polarizante, se han adoptado muchas decisiones muy cuestionadas. Las dudas no se sustentan meramente en el hecho de que hay opiniones políticas distintas, sino el que si se van a vindicar determinados reclamos, hay que hacer que los instrumentos respectivos sean congruentes.

A pesar de la lógica elemental que lo anterior supone, hemos visto que AMLO ha elegido ser distinto, pero no solamente en cuanto a pensar diferente o promover una cultura alternativa. No. Lo que se ha venido haciendo es desafiando la forma de desarrollar una dinámica de toma de decisiones en muchos temas en que se pretende dejar una huella indeleble. Si eso fuera para mejorar el desempeño de la administración pública, se agradecería, pero los datos duros y las evaluaciones serias apuntan a algo muy diferente.

El desafío es uno que llega a retar las variables más elementales de cómo realizar las tareas públicas y las mediciones de resultados. En paralelo se han venido debilitando instituciones y los derechos más elementales de la ciudadanía.

El escenario no podría ser más complejo dado que la economía muestra enormes debilidades, la inversión ha caído a su nivel más bajo en más de una década, la generación de empleos se ha deteriorado, los contrapesos se han venido debilitando, la independencia del Poder Judicial comprometido, la incertidumbre reina en cuanto la conducción de obras públicas y, en general, se ha optado por confrontar como mecanismo de controlar a los que de cualquier forma son disidentes.

Como ya lo habíamos dicho en otra entrega, y en lo que se refiere al problemón económico que se ve venir, nos anticipamos a la excusa de la 4T de que fue la mafia del poder o los empresarios fifís los que la detonaron.

Que no haya duda que las decisiones irracionales adoptadas a partir del 1 de diciembre de 2018 (y desde el 2 de julio de 2018 en que ya gobernaron) como la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, el anuncio de proyectos como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas son lo que lo generaron. Nada de querer evadir su responsabilidad ni deslindarse falazmente.

Igualmente hay que resaltar los señalamientos y descalificaciones para aquellos que han recurrido a la vía de defensa constitucional para cuestionar decisiones gubernamentales que no guardan un pleno cumplimiento de las normas aplicables.

El ejercicio de dicho derecho para provocar que un tribunal federal contraste los hechos presentados contra los requisitos constitucionales respectivos no es solamente un tema que no debiera extrañar a nadie, sino más aún el ejercicio de un derecho que no debiera ser cuestionado, y mucho menos denostado por la autoridad administrativa. La descalificación desde la palestra pública constituye un acto de intolerancia y autoritarismo.

Pero sí hay una solución a todos estos temas y se llama ciudadanía plena. El problema que hemos tenido como sociedad es que no ha habido una participación real y permanente más allá de estar en las urnas, en algunas manifestaciones, y en forma aleatoria en otros espacios. Requerimos mucho más de todos nosotros. Solamente con un gran esfuerzo permanente de participación y congruencia lograremos un mejor entorno para todos.

Si logramos una sociedad con esas características no vamos a depender de si aleatoriamente la clase política logra o no llegar a los resultados esperados. Requerimos ese nivel de participación para garantizar una evolución permanente que permita realmente abatir los grandes enemigos que son las terribles íes: injusticia, impunidad, inequidad, inmovilidad e inseguridad.

Debemos exigir que toda política pública se dedique a reducir dichos rubros, pues de lo contrario es inservible. Así de claro y sencillo. Lo que no sea así es incompatible con un país que reclama airadamente soluciones reales a problemas estructurales. Es ahora o nunca. Congruencia en todo lo que se haga de aquí en adelante.

POR JUAN FRANCISCO TORRES LANDA R.
MIEMBRO DEL COMITÉ DIRECTIVO DE UNE MÉXICO




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