La conferencia de Acatempan


El sábado ocurrió un paralelismo con un pasaje de la historia política del México de hace casi 200 años, del que algo habrían de aprender los protagonistas actuales, a ver si les cae el veinte y enderezan.

Se trata del anuncio de Alejandra Barrales y Ricardo Anaya, respecto a buscar un gran bloque opositor que derroque al status quo. El anuncio es una pálida réplica del acuerdo que firmaron realistas e insurgentes en 1821. Básicamente, entre Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, dos de las más simbólicas encarnaciones de la pugna independentista.

A riesgo de ser esquemático en demasía, la cosa estaba así: una vez que los criollos defensores de la Corona se dieron cuenta de que ya no tenían el mismo peso en la Nueva España y perdieron prerrogativas, decidieron proponerle a los independentistas no luchar entre sí más y unirse para emanciparse de España y ofrecerle luego a otro reino, dispuesto a reconocer la igualdad de todas las castas, que acogiera el nuevo territorio. Fue así que se crea el Ejército de las Tres Garantías y triunfa la Independencia. Es decir, los detractores de la gesta fueron los que ayudaron finalmente a conseguirla; algo tan sacudidor como ver en Iturbide al verdadero Padre de la Patria, como algunos historiadores sostienen.

La similitud no es lo que espanta (el conservador y empresarial PAN buscando arropo en la izquierda pragmatista y popular del PRD), sino el derrotero que tomó después aquel convenio que se signó con El Abrazo de Acatempan. Si siguen pareciéndose, urge revisar que no funcionó y que, aunque se logró la emancipación de España, sólo se abrió otra era de agitación que no dejó a nadie gobernar consistentemente y tuvo al país contra las cuerdas, en guerra y con déficit hasta prácticamente el fin de siglo:

1. Iturbide quiso ser el representante del nuevo orden, pero buscó que fuera una mención “espontánea” de las masas. Así organizó la proclama al pie de su ventana en la que Pío Marcha, una vez contratados acarreados en La Alameda, fueron a proclamarlo como Emperador.

2. La repartición de poder del Imperio de Iturbide alcanzó a los insurgentes que lo acompañaron, y obtuvieron títulos hasta Guerrero y Nicolás Bravo, entre otros (pero nunca Guadalupe Victoria)… y un nuevo periodo de inestabilidad se abrió.

¿Qué pasará hoy, quién será el que lleve más acarreados para poner candidato, en esa abominable alianza PAN-PRD? ¿Cuál será el programa de gobierno que prevalecerá: la social democracia conservadora o la idea del beneficio de la colectividad de la cual sólo se acuerdan cuando la transforman en populismo paternalista?

¿Qué amorfos embriones se gestarán en el reparto de poder, como cuando Iturbide subió al tren de la nobleza a los insurgentes: Cecilia Romero será la encargada de las políticas de planificación poblacional y René Bejarano el Secretario de Hacienda o de la Función Pública? ¿Quién se volverá contra su hoy socio, llegado el momento, y le hundirá la espada?

Acaso sea hora de releer a Monsiváis, a Hegel, a Croce, a quienes nos han dicho que esta película de las Conferencias de Prensa de Acatempan ya la vimos, como una espiral morbosa, y que ya fracasó.

 

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