La cocina es un viaje

El 30 por ciento de los turistas viene a México a comer. Los mexicanos los hacemos sonreír más, ​comer el cielo

Valentina Ortiz Monasterio
Valentina Ortiz Monasterio / Nube viajera

Yo soy adoradora de mi país, se me nota a leguas. Desde niña viajo entre, alrededor y hacia México. Como buen miembro de mi estirpe, comemos mucho y comemos bien.

Cada viaje fue, ha sido y será con buena comida. Haya sido bajo una velaria fabricada temporalmente con la cortina robada de un hotel de carretera, frente al estero en San Blas comiendo hueva de lisa tatemada, o en las barras más sofisticadas de caviar en Manhattan y con mucho vodka; nos gusta. ​

Leía con interés que el 30 por ciento del turista viaja a México a comer. Me pregunto cuántos turistas viajan a Dinamarca a hacer lo mismo. No conozco las cifras, pero aseguro que los mexicanos los hacemos sonreír más, comer el cielo y volverse inolvidable. Porque eso es México y su cocina, inolvidables.

En ocasiones me encuentro haciendo de plan concierge internacional apoyando a los amigos que quiero -solo a esos- con reservaciones en restaurantes complicados de acceder y cuando puedo, gozo apoyar.

Porque si se viaja, se debe comer bien. Diciembre y este principio de enero, por ejemplo, fueron de llamadas y mensajes suplicando ayuda en restaurantes de Lima. ¿En serio se come tan bien?, lo cierto es que los mexicanos les gusta a ir, prueban, juzgan y regresan muy contentos de tierras peruanas. Pero, ahora bien, imaginemos la emoción de los peruanos regresando de visitar nuestro país, habiéndose gozado la oferta culinaria mexicana -la gran escena gastronómica del mundo-. Yo estoy convencida de que lloran de felicidad y no lo aceptan. ​

Porque sí, viajar para mí está necesariamente relacionado con la satisfacción infinita que produce sentarse en una mesa a gozar de un tequila, varios vinos y buena cocina. Al menos a mí, así me enseñaron.

 

Por VALENTINA ORTIZ MONASTERIO
@VALEOM

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónSacapuntas

Sacapuntas