La ciudad que está perdiendo todo

La ciudad pierde cuando hay discursos e iniciativas de ley que pretenden acabar con la propiedad privada

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / El Heraldo de México

Apenas el fin de semana pasado, la historia de Norberto, el joven secuestrado, acaparaba la atención. En una convivencia familiar, niños de 10 años me confesaban preocupados que tenían miedo de vivir aquí; diario hay un video de un atraco, un secuestro o un asesinato. Diario, también, se escuchan las condenas a la violencia desde la voz de autoridades rebasadas que ni siquiera pueden investigar un secuestro con algo de rigor, como ha quedado expuesto, luego del triste desenlace de Norberto. Lamentablemente, el caso del joven al que desde las redes sociales etiquetaron como estudiante de una universidad privada, fue señalado por un defensor de las autoridades como parte de la estrategia de la famosa mafia del pasado para desestabilizar al gobierno de la ciudad.

Las cifras del aumento de todo tipo de crímenes están a la vista. La ciudad se siente insegura y los fantasmas del secuestro, por ejemplo, regresaron para convertir al miedo en parte de nuestras vidas.

La gran Ciudad de México parece estarlo perdiendo todo: perdió, en medio de una decisión irracional, la posibilidad de tener un aeropuerto de clase mundial y recuperar 700 hectáreas para sembrar un pulmón verde en el oriente. Perdió cuando las contingencias ambientales en mayo la colapsaron, porque no había quien apagara incendios y todo olía a quemado, mientras la única respuesta fue culpar al pasado, a los últimos 30 años.

La ciudad ha perdido, entre la cancelación del aeropuerto y la suspensión de obras, más de 100 mil empleos en pocos meses. A la parálisis inmobiliaria y laboral, hay que sumar esa dramática escalada de violencia e inseguridad en todos los puntos de la capital. La ciudad pierde, además, cuando las autoridades no actúan en favor de los ciudadanos y ceden ante chantajes, como el que vivimos hace no mucho por parte de los taxistas.

La ciudad pierde cuando hay discursos e iniciativas de ley que pretenden acabar con la propiedad privada y premiar a invasores y morosos. La ciudad pierde cuando dejamos de proyectarla como un destino a través de eventos, como la Fórmula 1 que dejará de correr aquí. La ciudad perdió cuando, mientras todo sucedía, la noticia relevante fue si se usaban faldas o pantalones en las escuelas, y perdió todavía más cuando la gran capital, en vez de tener jefa de Gobierno, tiene una regenta que no tiene más agenda que culpar al pasado, cuando en el pasado muchas de estas cosas habían dejado de suceder.

Al final, las víctimas de la derrota somos los ciudadanos, testigos de la involución de nuestro espacio vital en donde se lesionan derechos, se polariza a la sociedad, se tolera a los que lastiman y, sin rumbo, se desdibuja el futuro de la Ciudad de México.

Al paso que va, se convertirá en una humeante y gris estampa, añorando a la región más transparente que alguna vez fue. Hoy, no sé qué contestar a las preguntas de los niños que tienen miedo, quizás porque el miedo, ahora sí, ya nos llegó a todos. La ciudad está perdiendo y con ella estamos perdiendo todos.

JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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