La ciudad de la esperanza

La muerte de un inocente rebasa partidos, movimientos, transformaciones o mafias políticas

Rodrigo Miranda B. / Dirigente Juvenil PAN CDMX / El Heraldo de México
Rodrigo Miranda B. / Dirigente Juvenil PAN CDMX / El Heraldo de México

Salir de la universidad, a pocos días para que el momento más esperado de una persona joven se cumpla, y un dolor evitable llegue a arrebatar los sueños del futuro de México. Cuando los sueños e ilusiones se trituran en la licuadora de la ineptitud y la impunidad, los ciudadanos experimentamos una sensación de asco, decepción y tristeza que nos hace sentir condenados a la miseria gubernamental.

El caso de Norberto Ronquillo es un nuevo episodio escrito en las páginas más tristes de nuestra CDMX, con un contexto de mediocridad y pretextos, con muchos antagonistas pero donde sobresalen la delincuencia y el gobierno.

Con un protagonista que refleja lo desahuciada que se encuentra nuestra sociedad ante antagonistas potencializados, impunes e ineptos. La muerte de un inocente rebasa partidos, movimientos, transformaciones o mafias políticas, el secuestro y asesinato de un joven no pide argumentos ni opiniones, exige acciones y justicia, la reacción surge natural, reacción de ansiedad, tristeza, coraje y rabia por no tener la certeza de poder regresar a casa después de estudiar.

No hablamos de baches, ni de ciclovías, tampoco de luminarias o tiempo del transporte colectivo, toleramos a diario manifestaciones, corrupción policial y burocrática, ambulantes, extorsiones o clientelas, basura, tráfico vial, robo de autopartes e incluso altos niveles de contaminación, pero ya no es posible seguir tolerando el dolor evitable, tolerar la muerte cobarde por un secuestro, tolerar los pretextos de investigaciones, las culpas a gobiernos pasados, no podemos más sabernos testigos de la delincuencia asesina, porque estamos seguros de que lo que sigue es ser víctimas y no sólo espectadores.

No sabemos si quien escribe estos párrafos o quien lee este texto regrese con bien a su casa y, si logra regresar, lo reciba una mala noticia en donde la delincuencia provocará la ausencia definitiva de un ser querido.

Pedimos ayuda a quien nos escuche, alzamos la bandera blanca de la desesperanza, juntamos nuestras manos y unimos nuestras oraciones para el Dios que nos oiga primero. Necesitamos recobrar la tranquilidad para creer en la supervivencia en esta gran ciudad, tan sólo pedimos una luz que nos haga saber que todo estará bien, que podemos seguir padeciendo los problemas cotidianos de la ciudad pero con vida, necesitamos darnos cuenta de que no tenemos los días contados en el reloj de la delincuencia, queremos ver un gobierno que asuma sus responsabilidades, que tan sólo nos demuestre que las cosas estarán bien.

Decían que éramos la ciudad de la esperanza, desafortunadamente ya no la encontramos por ningún lado, siempre se dice que la esperanza nunca muere, no sabemos si en la CDMX está secuestrada, aunque paguemos todos los días su rescate o quizás la la encontrarán en estos días en un terreno baldío en bolsas de plástico, asesinada, como un joven de 22 años que sólo quería realizarse como persona, en la ciudad de la esperanza

POR RODRIGO MIRANDA B.

FORMACIÓN E IDENTIDAD PAN EN CDMX

@RMIRANDAB

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