La casa de todos

Tan sólo en nuestro país se han registrado 7,247 incendios en los 32 estados en el transcurso de 2019

Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México
Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México

Nuestra casa, la casa de todos, está en llamas. Y es que nuestro planeta, la Tierra, vive uno de sus momentos de mayor peligro debido al cambio climático, en su vertiente de calentamiento global, derivando en el deshielo de los polos, menores temporales de lluvias, tanto en duración como en intensidad, tierras áridas, sequía y la propagación de incendios forestales y urbanos alrededor del planeta. En lo que va del año, hemos observado que se consumen miles y miles de hectáreas de bosques y selvas contaminando el aire, los ríos y mares, aunado a la pérdida de producción de oxígeno que esto conlleva.

Tan sólo en nuestro país se han registrado 7,247 incendios en los 32 estados en el transcurso de 2019, afectando casi 600,000 hectáreas, siendo el Estado de México, Michoacán, Chihuahua, Jalisco y la Ciudad de México con más incendios. De igual manera, en California, EU, los incendios se intensifican cada año. Hace unos días, el fuego masivo en la Gran Canaria, consumió más de 10,000 hectáreas y se tuvo que evacuar a 9 mil personas, convirtiendo a este incendio en el más grande ocurrido en España.

Si bien, los incendios mencionados encienden las alarmas del mundo, no existe situación medioambiental que más preocupe que el incendio en el Amazonas, ya que es la representación más grande de la fuente de vida planetaria, la selva tropical más extensa del mundo con 6 millones de kilómetros cuadrados de superficie, hogar de tribus, donde se calcula que habita una de cada 10 especies conocidas. Si el Amazonas es depredado, la vida misma se terminaría, ¿por qué cada año se incrementan los incendios? La respuesta no sólo corresponde a los ciclos naturales de la Tierra, lamentablemente tiene que ver con la participación humana, las políticas públicas emanadas de la visión del gobierno, el crecimiento exponencial de la población, la masificación agrícola y ganadera.

Es conocido que, desde los años 90, 80% de la deforestación del Amazonas brasileño es debido a la expansión de campos para pasturas, principalmente de soja, misma que sirve para la alimentación de ganado y representa la mayor exportación de materia prima brasileña, siguiéndole la carne, ya que, junto con EU, Brasil es el mayor exportador de productos cárnicos. Lo mismo ha pasado por la parte de selva amazónica que le corresponde a los países de Bolivia, Colombia y Paraguay, la explosión en el consumo de la soja, principalmente de China, ha perjudicado irreversiblemente al planeta.

Así pues, el incremento de los incendios tienen nombre y apellido y, en el caso brasileño se llama Jair Bolsonaro, quien, como Trump, ha roto importantes acuerdos para el cuidado de la selva, pues no -cree- en el cambio climático y mira al Amazonas como terreno desperdiciado para el crecimiento económico de su país, así como a los grupos indígenas que habitan y cuidan la selva los ve como una carga para el progreso. Hoy se debe aprovechar que todo el planeta mira para la Amazonia (el G7 destinó 20 MDE para su cuidado) para detener esta deforestación y resignificar a la Tierra como la casa de todos.

POR ADRIANA SARUR
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@ASARUR

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