La batalla que viene

La crisis migratoria centroamericana, que se anunciaba desde hace meses, ha llegado finalmente a uno de sus primeros apogeos

Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México
Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México

Se avecina una tormenta para el poder judicial federal. Y debe preocuparnos. No me refiero a que venga un cambio interno que atienda, con alguna eficacia, la indispensable revisión de sus patrones de profesionalización, los casos sistemáticos de corrupción que lo aquejan, su relativa ineficacia, ineficiencia y falta de transparencia. Me refiero a que desde el poder político, desde la presidencia y su partido, habrá un nuevo embate, quizá ahora más hostil que el representado por las reducciones presupuestales, por someterle.

Espero equivocarme, pero si no es el caso, hay que estar preparados. El problema no es nada más que en semanas recientes se han otorgado sentencias que frenan el avance del aeropuerto de Santa Lucía y también la destrucción de las obras del NAIM, gracias a los amparos presentados por el colectivo #NoMásDerroches. Desde luego que ello iba a generar molestia en el presidente López Obrador. Tampoco es que no se haya blandido antes la espada de Damocles contra la autonomía de la Corte; la iniciativa del senador Monreal de nombrar cinco nuevos (y muy leales) ministros para una sala anticorrupción fue presentada hace meses. El riesgo es inminente porque a estas alturas, con el freno a Santa Lucía y el NAIM, y aún sin contar que posiblemente haya amparos similares contra el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas, y algunas otras ocurrencias icónicas, son muy pocas las áreas de avance que podrá mostrar el nuevo gobierno hacia el primer año de su gestión. Otros han documentado la debacle de casi todos los indicadores económicos en el primer medio año del gobierno actual. Es claro que muy buena parte de ellos provienen fundamentalmente de la pérdida de la confianza de la inversión en la capacidad del gobierno de mantener el barco a flote, derivado de su decisión respecto al propio aeropuerto, y a su estrategia energética, en particular la relativa a Pemex y CFE. No solo eso; la crisis de inseguridad en que dejó al país la admninistración anterior se ha reconocido en el discurso, pero trivializado en las soluciones, y ahora se pretende responder a las protestas de la sociedad desde la victimización de la autoridad y la culpa del pasado, y no desde una posición de competencia y responsabilidad.

Adicionalmente, la crisis migratoria centroamericana, que se anunciaba desde hace meses y que las autoridades no hicieron más que alentar con oferta de visas, empleos y beneficios, ha llegado finalmente a uno de sus primeros apogeos. Por si fuera poco, Donald Trump empieza a verse abajo en las encuestas, con lo que ha regresado a su vieja práctica de agarrarnos de piñata para entretenimiento de su pintoresca base electoral.

Me es claro que el gobierno actual no claudicará ni corregirá. Persitirá. Y un blanco visible será el de quien le pone, justamente, obstáculos a lo que está convencido es una de las tareas definitorias de su gestión: las megaobras en ciernes. Preocupa además que no es claro que el propio poder judicial esté listo para este embate. Estaría mejor preparado si se hubiese iniciado ya un proceso real, visible, acompañado por ciudadanos, de contrición y reforma interna. Eso daría fortaleza para la batalla que viene. Quizá aún es tiempo.

Por Alejandro Poiré
*Decano
Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno
Tecnológico de Monterrey

@ALEJANDROPOIRE

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