La batalla por gobernar

El presidente López Obrador no ha logrado echar a andar ni una sola de las obras capitales de su gobierno

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Temprano en el gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha enfrascado en dos batallas interiores y encarnizadas: una por gobernar, y la otra contra el tiempo. Ambas circunstancias están frenando en la etapa inicial cada uno de los proyectos de la Cuarta Transformación.

¿Cuál es el origen de este cortocircuito en el gobierno que más expectativas detonó tras varias administraciones fallidas? Una de las razones es el atropellamiento en las decisiones tomadas para transformar al país.

El mandato de las urnas el 1 de julio del año pasado fue transformar todo, y lo haremos, ya lo decía Martí en la Cámara de Diputados, con ímpetu y energía.

Pero el ímpetu y la energía a veces no ayudan y en otras no son suficientes.

Entre una deficiente planeación y los tropiezos técnicos y de los estudios de viabilidad financiera, social o ambiental, el Presidente no ha logrado echar a andar ni una sola de las obras capitales de su gobierno.

El gobierno federal también ha batallado y tropezado para modificar o sustituir los programas sociales más importantes de las últimas administraciones, por las nuevas ideas del Presidente.

La mayoría de Morena tiene los votos necesarios para reformar las leyes y por medio de alianzas puede reunir los suficientes para modificar la Constitución.

Pero, insisto: ¿es necesario destruir todo? ¿En cada caso se está cuidando que la nueva propuesta garantice mejores resultados?

Si la respuesta a la primera pregunta es sí, entonces: Houston, estamos en problemas. Si los fracasos de gobiernos anteriores se debieron en parte a la ausencia de una mayoría legislativa que aprobara el proyecto del Presidente, en el gobierno de AMLO sobran votos, pero inevitablemente ha fallado el cómo hacer las cosas.

El Presidente ya no tiene enfrente el muro imposible de la oposición. El problema está en casa y ha producido una carambola de varias bandas.

La política de austeridad es un actor principal que ya ocasionó problemas mayores de los que existían en la atención de los hospitales y el abasto de medicinas, o mutiló fondos sin ton ni son en la ciencia, la tecnología, la investigación y la academia.

Un problema mayor es la improvisación. En medio de los despidos masivos y los recortes en salud, miles de millones de pesos esperan adormecidos a que los nuevos programas sociales funcionen y logren atraer, por ejemplo, a los jóvenes sin empleo, mientras Prospera, escribía Dulce María Sauri, creado hace 22 años para ayudar a millones de familias a salir de la pobreza con fondos administrados por las madres, ha sido cancelado y sustituido por otro programa, con reglas que eliminaron a las madres como garantes del correcto uso del dinero y componentes de salud y alimentación.

¿Es imperioso transformarlo todo, sólo porque sí? Este pensamiento me remite al dragón acorazado de Daenerys Targaryen escupiendo fuego y convirtiendo en cenizas el reino de King’s Landing.

POR WILBERT TORRE

[email protected]

@WILBERTTORRE

¿Te gustó este contenido?