La 4T: ser o no ser

AMLO es un ave de tempestades: su desgaste y el del gobierno inició temprano

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Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

En octubre de 2012, en el segundo encuentro de la Fundación de Nuevo Periodismo, fundada por Gabriel García Márquez, el escritor Juan Villoro escribió y declaró después, con la esperanza de equivocarme, que la victoria de Enrique Peña podía representar al menos tres sexenios priistas.

Dos meses después, Peña y los partidos de oposición firmaron el Pacto por México, que en apariencia inauguraba una etapa plural de esfuerzos e ideas para dar viabilidad al país.

El primer año de gobierno fue para Peña una luna de miel, una nube rosa que se hizo más mullida en los meses siguientes: en febrero de 2014, la revista Time publicó la fotografía de Peña en pose de Superman y el título Salvando a México.

Nueve meses más tarde, Aristegui y su equipo de investigación revelaron que Peña y su familia habitaban la casa blanca de 7 millones de dólares construida por el contratista Hinojosa. El escándalo persiguió a Peña, convertido en prueba de la connivencia entre el poder político y el económico.

Con el tiempo, la casa blanca demolió el gobierno, pero los primeros tres años Peña y su mano derecha, Videgaray, lograron hacer avanzar la mayoría de las reformas que conformaban el proyecto de nación de Peña, aunque algunas a trompicones, como la Educativa, y otras bajo sospecha, como la Energética.

En el cuarto año todo se derrumbó, cuando la corrupción flotó y los errores de los primeros años causaron efecto. AMLO es un ave de tempestades: su desgaste y el del gobierno ha comenzado mucho más temprano, precipitado por decisiones cuyo origen ha sido la corrupción del pasado o la obsesión de cambiar los programas de gobierno.

Es inabarcable la lista de decisiones que ya produjeron consecuencias tempranas, como la reinvención no planeada de los programas sociales que ha despojado a millones de familias pobres de un ingreso mensual de hasta 5 mil pesos. La Cuarta Transformación avanza a empujones, trabada por las limitaciones de la austeridad o la imposibilidad de cumplir los requisitos de ley para echar a andar los brazos y las piernas de la 4T: el aeropuerto de Santa Lucía, Dos Bocas, o las Becas Benito Juárez, que sin mayor revisión sustituyeron a Prospera. El desmantelamiento de los programas y el andamiaje institucional del pasado, sin propuestas sólidas para instituir los nuevos programas, se ha convertido en una tremenda cuesta arriba para el gobierno, más afanado en corregir e improvisar sobre los errores, que concentrado en impulsar el proyecto del Presidente.

La pifia afortunada de Villoro al predecir que habría PRI para largo rato confirma que en política nada está escrito. Por lo pronto, mientras AMLO mantiene una alta calificación, las instituciones que llevan sobre las espaldas la ejecución de su proyecto sufren un severo desgaste como resultado de la acelerada desinstitucionalización que dificulta que avancen los planes del Presidente.

Por Wilbert Torre

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