La 4ª Transformación y el deber de la esperanza

Ya se pueden vislumbrar cuáles serán los ejes y los puntos clave para este nuevo gobierno

Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México
Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México

En la entrega pasada de La encerrona, se dijo que en los discursos de toma de protesta del presidente en turno no sólo se cumple con el acto protocolario, sino que también marca el sello del porvenir del gobierno entrante. El discurso de Andrés Manuel López Obrador no fue la excepción y ya se pueden vislumbrar cuáles serán los ejes y los puntos clave para este nuevo gobierno.

Éstos serán el ataque frontal a la corrupción, estrechar desigualdades en la sociedad y el tránsito de un régimen económico neoliberal a un modelo de mercado mixto, al estilo de China, entre varias cosas más que mencionó en su intervención de una hora con 20 minutos.

El Presidente tiene claro lo que hará en estos seis años, lo que no se alcanza a ver es cómo se podrán implementar estos cambios profundos. Para conjuntar esta visión de gobierno, López Obrador abre la ventana del pasado para dejar entrar los tres hitos históricos del país, la Independencia de 1810; la Reforma iniciada en 1857 y; la Revolución de 1910. Con esto también deja entrar a su discurso de manera constante a los personajes que protagonizaron estos movimientos, desde Hidalgo hasta Madero, por supuesto que pasando por Benito Juárez (su ejemplo más recurrente), Zapata y Villa, Flores Magón, entre otros.

Es evidente que el Presidente quiere pertenecer a estas páginas de la historia y que su mandato deberá recordarse como la 4ª Transformación de la vida de México. Sin embargo, estos acontecimientos trascendentales no se dan por decreto. La Independencia, la Reforma y la Revolución no surgieron de la ocurrencia de uno de los personajes de los libros de historia; fueron momentos en los que la coyuntura y consensos nacionales permitieron que se llevaran a cabo, entregando a la vida pública ganadores y perdedores, así como héroes y villanos.

Por esto, denominar a su gobierno de tal manera denota cierta soberbia, pero también un gran compromiso no sólo con los simpatizantes que están con AMLO desde el principio de su movimiento o los que le dieron el beneficio de la duda en estas elecciones, sino con toda la ciudadanía del país. Así pues, en este comienzo del nuevo gobierno, el contexto parece adecuado para colocar los cimientos de una nación con menos pobreza, desigualdad, inseguridad, corrupción, así como con mayor estabilidad macroeconómica; empero, con decisiones como realizar consultas –a modo-, dando como resultado la cancelación del Nuevo Aeropuerto o la creación del Tren Maya, parecería que son acciones contradictorias para desarrollar la impronta grandilocuente a la que se hace mención con la llamada 4ª Transformación.

Como ejemplo, se dice que Jorge Luis Borges acuñó la frase: Ahora nuestro deber es la esperanza, la probable, la verosímil esperanza cuando supo que Raúl Alfonsín sería presidente de Argentina. Así, como Borges, y por el bien del país, a los mexicanos nos queda soñar en que los cambios de gran calado llegarán a cada rincón del país. Nos resta creer que puede suceder una transformación en la vida pública. Nos queda el deber de la esperanza.

 

Por ADRIANA SARUR

@ASARUR

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