Khashoggi, la punta del iceberg

El atroz crimen no es un hecho aislado; ocurren de forma sistemática para silenciar a críticos de Arabia

Alejandra Martínez / Coeditora Orbe
Alejandra Martínez / Coeditora Orbe / EL HERALDO DE MÉXICO

Además del periodista critico Jamal Khashoggi, el régimen de Arabia Saudita activó una campaña para secuestrar y torturar a otros disidentes, con el aval de la corona.

El 2 de octubre pasado, Khashoggi, que había llamado a reformas democráticas en Arabia y que condenó la participación del régimen de su país en la guerra en Yemen, ingresó al consulado árabe en Estambul por un certificado de estado civil para casarse y no volvió a salir.

De acuerdo con filtraciones de inteligencia que ha reportado la prensa turca, el periodista —que se había exiliado en EU— fue drogado, le cortaron los dedos y comenzaron a destazarlo cuando aún tenía vida.

Lo que ocurrió con sus restos es un misterio, se ha publicado que fue deshecho en ácido, también que lo incineraron en un horno de tipo industrial en la residencia del cónsul.

Las pesquisas han señalado que el día del homicidio, un avión con 15 sauditas cercanos al príncipe heredero, Mohammed bin Salman, aterrizó en Estambul, asesinaron a Khashoggi y volvieron al reino.

Una investigación de The New York Times reveló el lunes pasado que el atroz crimen no es un hecho aislado y que, de hecho, ocurren de manera sistemática para silenciar a las voces críticas. Electrochoques, golpizas e intentos de ahogamiento son parte de las tácticas que aplican.

Según el diario estadounidense, miembros del equipo que apagó la vida del también articulista del Washington Post, ubicado como el Grupo de Intervención Rápida Saudita participaron en al menos otras 10 operaciones similares desde el 2017, año en que bin Salman fue nombrado heredero al trono.

El reporte se basa en testimonios de funcionarios de EU que han accedido a reportes de los servicios secretos. Éstos señalan a uno de los asesores de confianza del príncipe, Saud al Qahtani, como la persona a cargo del trabajo sucio, quien supuestamente dirigió el homicidio de Khashoggi vía Skype.

Al Qahtani ha sido nombrado en reiteradas ocasiones en casos de secuestros y torturas de activistas.

La investigación del Times hizo eco en el caso de una profesora universitaria de lingüística, Eman al Nafjan, que escribía un blog sobre mujeres, fue sometida a tortura psicológica e intentó suicidarse el año pasado.

Hasta ahora, el reino vagamente ha reconocido que tiene un servicio que tiene órdenes de repatriar a sus disidentes. Analistas creen que en el caso de Khashoggi la situación se les salió de las manos.

Para la ONU no hay duda de que el asesinato fue planificado y perpetrado por representantes del reino. En tanto, Riad asegura que la decisión de matarlo no salió de ellos, si no que la tomó el equipo de forma improvisada.

Pese a las evidencias, el gobierno de EU ha hecho oídos sordos; para Trump, Arabia es un aliado y comprador tremendo y, en noviembre pasado dio carpetazo al asunto.

El discurso de defensa de los derechos humanos, al parecer, lo aplican a conveniencia.

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@ALEJANDRAMTZ_87

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