Justicia selectiva

Un día, tal vez los procedimientos penales hacia ex funcionarios en México dejen de estar empañados por revanchismos o demagogia

Georgina Trujillo
Georgina Trujillo / Heraldo de México / Columna Invitada

Sí, en México es necesario combatir la corrupción en todos los niveles del servicio público.

Enjuiciar a Rosario Robles Berlanga podría ser un mensaje político contundente de que no se tolerará la corrupción en funcionarios y que hay la voluntad por parte del Poder Judicial (no digamos el Ejecutivo federal, se supone que hay autonomía) de poner orden y hacer justicia.

Hablo de justicia verdadera y no de venganza política.

Una que busque como máxima dignificar al Estado mexicano y a su sociedad, más allá del espectáculo mediático que emula a las ejecuciones públicas de los tiempos del medievo.

El circo al pueblo.

Justicia acorde al nuevo código penal acusatorio, que aplique la ley de manera imparcial, donde efectivamente no existan ciudadanos de primera, de segunda o de tercera.

Hay que ir eliminando esta noción de justicia a la mexicana, donde primero se encarcela y luego se averigua.

Esta forma de procedimientos que tienen a más de 50 por ciento de reclusos en México aún esperando la sentencia de sus respectivos procesos, algunos después de décadas, costando millones de pesos al Estado mexicano en manutención de centros penitenciarios sobrepoblados.

Rosario Robles hoy está recluida por una vinculación a proceso, esto es, por apenas el inicio de un juicio, no por el juicio en sí y mucho menos por una sentencia.

Muy parecido a casos del pasado, de los que se viven cada sexenio y al final resultan en un disculpe, nos equivocamos, usted siempre sí era inocente.

Hoy, solamente en una persona recae el peso de la ley, pero la justicia no toca a los involucrados ni su dinero ni a las empresas o instituciones que participaron ni mucho menos a sus superiores.

Encima de eso, el mismo Presidente pide no llegar hasta las últimas consecuencias en esta investigación.

¡Es casi inverosímil!

Existen exgobernadores, exalcaldes y exfuncionarios públicos con carpetas enteras de observaciones por parte de la Auditoría Superior de la Federación.

Sin embargo, sus cuentas públicas son aprobadas.

Casualmente, ellos no son perseguidos por algún juez que es sobrino de un viejo enemigo político.

Un día, tal vez los procedimientos penales hacia ex funcionarios en México dejen de estar empañados por revanchismos o demagogia, se logren establecer estándares claros de justicia y quienes entren o salgan de la cárcel, no estén definidos por las simpatías o afinidades con el régimen en turno ni paguen sus sentencias con apoyos electorales.

Mientras tanto, seguirán existiendo los chivos expiatorios, esa figura que tanto criticó este gobierno desde la oposición.

La justicia selectiva no es justicia, es una venganza.

POR GEORGINA TRUJILLO

COLABORADORA

@GINATRUJILLOZ

abr

 

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