Justicia para las víctimas y No a la intervención

Imaginan que traer las películas del light Hollywood a nuestras calles, las limpiará y nos conducirá a un rápido y feliz final

Mauricio Farah / Especialista En Derechos Humanos / Heraldo de México
Mauricio Farah / Especialista En Derechos Humanos / Heraldo de México

Todas las víctimas de la violencia y sus familiares merecen justicia, respeto y solidaridad. Entre ellas, desde luego, las familias de las colonias De la Mora y LeBarón.

Es inaceptable que a la tragedia y el dolor que para cada familia ha significado la pérdida de un ser querido a causa del crimen, se sume el linchamiento virtual o verbal en las redes o en los medios.

Es posible que después de una década de violencia persistente y cruel, recurramos a reprimir nuestra sensibilidad y prefiramos voltear hacia otro lado para no aceptar que enfrentamos una situación difícil que demanda unidad y apoyo.

Podemos tener diferencias en combatir y reducir la violencia y avanzar hacia la pacificación, pero compartimos el imperativo de proteger y respaldar a las víctimas.

Indigna ver cómo intercambiamos adjetivos, ofensas y descalificaciones como si estuviéramos más interesados en ejercer la violencia verbal que en rechazar la física.

La violencia nos destroza como individuos y como sociedad; nos daña profundamente y hace que miles de familias padezcan lo inimaginable y no vuelvan a recuperar un sentido para su vida.

Nuestra desesperación no debe conducirnos a optar por soluciones erradas. Para algunos, que Estados Unidos declare terrorista al crimen organizado de México puede ser la salvación o remedio a los niveles de violencia que padecemos.

Imaginan que traer las películas del light Hollywood a nuestras calles, las limpiará y nos conducirá a un rápido y feliz final.

Se trata de una solución que generaría complejas condiciones políticas, legales, económicas, operativas y sociales.

¿Son, por ejemplo, los compradores de drogas, financiadores de los cárteles? ¿Tienen relaciones comerciales que en la esfera del terrorismo los convertiría en terroristas? ¿Y cuántos bancos terminarían cerrados por descubrirse en ellos dinero de los cárteles, es decir, de los terroristas?

Muchas más son las preguntas que habría que hacerse para desenredar el amasijo que traería tal declaratoria, propongo poner el énfasis en el eventual desenlace:

¿Alguien puede recordar un buen final en las intervenciones que ha hecho EU? ¿Cómo han terminado estados en los que ha intervenido para instaurar democracia, reinstalar paz o acabar con el terrorismo? ¿Qué sucedió en Afganistán, Irak, Libia, Corea, Vietnam y América Latina?

Una intervención de EU en nuestro país no sólo es inaceptable, es, además, contraproducente e indeseable; inviable.

POR MAURICIO FARAH

*SECRETARIO GENERAL DE SERVICIOS ADMINISTRATIVOS DEL SENADO Y ESPECIALISTA EN DERECHOS HUMANOS

[email protected]

@MFARAHG

eadp

 

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