Trump: en lucha por su presidencia

La Presidencia de Donald Trump está disminuida. De hecho, a siete meses de iniciada, podría ser vista como el cascarón de lo que fue electo


De creer a los analistas políticos estadounidenses, la Presidencia de Donald Trump está disminuida.

De hecho, a siete meses de iniciada, podría ser vista como el cascarón de lo que fue electo, con algunos o muchos de sus actuales miembros integrados más por un sentido de deber político y hasta patriótico que por lealtad o fidelidad hacia el Presidente o su programa.

La realidad es que sería un caso de El Imperio Contraataca. Tras aceptar la aparición y la elección de un candidato y un Presidente que proclamó su desinterés en el status quo y en las instituciones, luego de aceptar la llegada de grupos marginales a la Presidencia, el aparato tradicional, del Congreso a la burocracia, de las Fuerzas Armadas al empresariado y al cuerpo político, han comenzado a rodear los cuerpos extraños para anularlos o neutralizarlos.

Cierto, no han podido doblegar ni acallar a Trump, que tiene una autoridad administrativa que le permite ordenar la creación o derogación de reglas y programas -comerciales, migratorios, ambientales- o hasta acciones militares internacionales.

Algunos aliados de Trump desarrollan sus propias propuestas bajo el manto de su Presidencia: el procurador general, Jeff Sessions, fue un activista antiinmigrantes, pero ahora tiene el poder para actuar; el jefe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), Scott Pruitt, trabajó contra las reglas impuestas por la propia EPA y ahora le toca desmontarla.

Y está por supuesto el uso de los tuits, una forma de hacer política y comunicarse con sus seguidores, crear polémica o dominar del ciclo informativo.

Pero hay señales también de un creciente aislamiento: está peleado, o por los menos enfrentado, con la mayoría de los legisladores republicanos en el Congreso federal. De continuar, eso representaría la emasculación de la agenda legislativa de Trump y de los propios republicanos.

Está la salida obligada de personajes que como el consejero Steve Bannon eran el vínculo de Trump con los ahora influyentes grupos de extrema derecha. Esos lazos crearon ya problemas con sectores republicanos tradicionales y moderados.

Algunos funcionarios, sin embargo, han optado por seguir en servicio, presuntamente por un sentido del deber y obligación al país, para resguardar al Presidente de sus propios instintos, mantener orden en el gobierno y evitar las peores decisiones. Ésos serían por ejemplo los principales jefes militares del país, retirados y en activo: el jefe de asesores, general John Kelly; el consejero de Seguridad Nacional, general H.R. McMaster, y el Secretario de Defensa, general James Mattis.

Estarían los jefes militares que mantuvieron el carácter integracionista de las Fuerzas Armadas. Siempre, sin embargo, queda algún personaje para quien su líder es incomprendido, malinterpretado y tergiversado como dijo el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, al rechazar el exhorto de sus compañeros de Yale a renunciar.

 

Columna anterior: Estados Unidos, una historia escrita por los perdedores…

¿Te gustó este contenido?