México, ¿el socio maduro de Estados Unidos?

Al margen de los vínculos económicos, los dos países están unidos por un cordón umbilical social que hace las cosas más complicadas


México está obligado a ser el socio maduro en la relación con Estados Unidos, afirma la especialista Shannon O’Neil en uno de los textos que la revista Foreign Affairs dedica a subrayar el alejamiento del gobierno de Donald Trump respecto a las alianzas de su país.

En su reporte, O’Neil urge a los dirigentes mexicanos a ignorar los mezquinos insultos de Trump, resistir la tentación de actuar en consecuencia y adelantar una agenda positiva para audiencias más receptivas al norte de la frontera.

De acuerdo con el análisis, Trump llegó al poder con una actitud de abierta hostilidad hacia México y los mexicanos y su trato con México durante su Presidencia ha alternado entre la adulación insincera y actitudes de agresividad.
Esa actitud se refleja más bien en las acusaciones de violadores y las denuncias del Tratado Norteamericano de Libre Comercio, así como las órdenes de deportaciones de millones de migrantes indocumentados .

Enfrentado con esta beligerancia sin precedentes, México tiene pocas opciones, y aun menos alternativas buenas, destacó O’Neil, para quien la mejor formulación es evitar confrontar a Trump -no con capitulación, sino dándole la vuelta y trabajar con estados, municipios, negocios, instituciones cívicas y comunidades.

Es un trabajo que ha tenido cierto éxito para Canadá y puede funcionar, anunció, mejor para México, que tiene mayores vínculos con la sociedad estadounidense, precisó.

Si México puede ponerse a la altura, entonces la cuidadosamente cultivada amistad del pasado cuarto de siglo no sólo puede ser salvada sino profundizada.

O’Neil recuerda que por la mayor parte del siglo XX, México y Estados Unidos fueron vecinos distantes en los que la indiferencia y la negligencia del norte encontraban el resentimiento y a veces la abierta hostilidad del sur.

Pero al acercarse el final del siglo pasado, el recelo comenzó a desvanecerse para ser reemplazado por cooperación e incluso algo que parecía amistad.

Habría que señalar también que al margen de los vínculos económicos, los dos países están unidos por un cordón umbilical social que hace las cosas más complicadas.

Hay unos seis millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos, pero otros tantos que son residentes legales y 20 millones o más de estadounidenses de origen mexicano y con familia en ambos países.

Puede gustar o no, pero eso crea una relación de otro tipo, una que obliga a tener mayor prudencia a pesar de los desatinos de Trump y su apoyo racista.

De acuerdo con Foreign Affairs, con la llegada de Trump al poder, Estados Unidos abandonó un sistema internacional que ellos mismos crearon, que floreció y en el que eran tanto los jugadores como los manejadores.

Para Gideon Rose, el editor de la prestigiosa revista del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York, tal vez ningún grupo ha sido más desconcertado por la era Trump que los aliados de Estados Unidos.

 

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