El muro fronterizo, berrinche y símbolo

El anuncio de Trump sobre el muro fronterizo es tanto una reafirmación hacia su base electoral como parte de un intento por estabilizar su presidencia


Algunos dicen que el empeño del presidente Donald Trump por construir un muro en la frontera con México ya es una cuestión personal, de berrinche si se quiere.
De acuerdo con fuentes citadas por politico.com, Trump ha mostrado más interés en la construcción de la barda que en otros temas y que un fracaso en lograrlo sería profundamente vergonzoso para él.

Pero al mismo tiempo es mucho más que eso. El anuncio, el martes pasado, de que está dispuesto a llegar al cierre del gobierno estadounidense -entendido como negarse a aceptar un proyecto de presupuesto que no incluya financiamiento para la pared-, es tanto una reafirmación hacia su base electoral como parte de un intento mayor por estabilizar lo que se ve ya como su tambaleante Presidencia.

Trump llegó a la Casa Blanca sobre una plataforma populista que incluye la promesa de sacudir las estructuras, reducir impuestos y el tamaño del gobierno y en gran medida con ribetes racistas y xenofóbicos satisfactorios para el sector republicano que lo hizo candidato y lo llevó a la Presidencia.

Y por supuesto, la promesa de construir un muro en la frontera con México, un tema que se transformó en el mantra de su campaña, que provoca aún cánticos en sus mítines.

De acuerdo con versiones de la prensa, Trump es profundamente serio en ese tema. Las implicaciones van mucho más allá de la barda. Trump demanda dinero real para iniciar su construcción y al menos de acuerdo con la página AXIOS, está ansioso de una pelea con el Congreso, concretamente el Senado, donde parece encontrar sus mayores frustraciones.

La Cámara baja del Congreso aprobó una propuesta presupuestal que incuye 1.6 mil millones de dólares para iniciar la costrucción del muro, pero que tiene pocas posibilidades de aprobación en el Senado. La idea de interrumpir el gasto del gobierno estadounidense tiene implicaciones económicas directas para más de un millón de empleados, pero también para la operación de miles de empresas.

Los republicanos han tratado de evitar los cierres de gobierno, sobre todo porque normalmente les han resultado políticamente contraproducentes.

Pero esta vez, el muy simbólico tema del muro fronterizo se combina con otros que vendrán a lo largo del año, como la reducción de impuestos, para constituir un potente brebaje politico en el que Trump y su aliados ven el futuro de su Presidencia.

Pese a sus afirmaciones, Trump tiene muy poco que mostrar en los primeros siete meses de su Presidencia. Incluso la designación de un juez de la Suprema Corte, que presumió el martes, lo debe al liderazgo republicano del Senado y su empecinada negativa sea la que sea, aceptar un candidato presentado por el demócrata Barack Obama en los últimos meses de su Presidencia.

De acuerdo con las mismas fuentes, pocos consejeros de Trump están tan fijados en el tema del muro como el propio presidente, para quien resulta ya una cuestión personal, pero también como un tema definitorio de su poder.

 

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