José Ángel Nápoles “Mantequilla”

El Cubano-Mexicano, ídolo carismático de la afición, brilló en los pesos ligero y welter, como pocos en el mundo

1.71 Metros, su estatura. Ilustración: Allan G. Ramírez
1.71 Metros, su estatura. Ilustración: Allan G. Ramírez

Siempre es lamentable y causa pesar el fallecimiento de alguien a quien conocimos y que formó parte de una actividad de la que hemos estado cerca durante mucho tiempo. José Ángel Nápoles, el gran campeón, no fue la excepción, al llegar al final del camino.

Como a nosotros, el mismo sentimiento embargó a miles, quizá millones de aficionados, y desde luego a la mayor parte que compone el medio boxístico de México, al que perteneció, de hecho, desde que llegó a nuestro país, procedente de Cuba, en donde la práctica de su oficio fue prohibida en el aspecto profesional desde casi la segunda mitad del siglo pasado.

José Ángel vino a México en compañía de otros formidables personajes del ring, y dirigido por su apoderado, Cuco Conde. Otros que llegaron con él fueron el entrenador Kid Rapidez, cuyo nombre de pila fue Alfredo Cruz Chávez, quien se dedicó de manera principal en el gimnasio a la formación de Mantequilla y Ultiminio Ramos, quienes eran los mejores del grupo y llegaron a lo máximo a que aspiran todos aquellos que se ganan la vida en los cuadriláteros: un campeonato mundial.

Nápoles muy pronto mostró a la afición mexicana lo que podía llegar a ser. Desde su primera pelea se le vio algo, una calidad especial, una forma poco común de desenvolverse entre las cuerdas, que lo llevó desde ahí al interés general, incluyendo al entonces promotor de las Arenas Coliseo y México, don Miguel de la Colina, quien además de su habilidad dentro del negocio de los puños, era un gran charlista.

Precisamente fue este distinguido hidalguense quien pronosticó el futuro luminoso que esperaba al isleño recién llegado; en especial después de que en su debut aquí, acabó por nocaut, en unos cuantos asaltos, con Enrique Camarena, en la Arena Coliseo.

De ahí en adelante, el hombre enfrentó primero a lo mejor que había aquí en peso ligero, su división de entonces, y posteriormente, ya como welter, tuvo rivales sobresalientes en el boxeo mundial.

En un principio, sus dirigentes buscaron para José Ángel una oportunidad por la faja de los ligeros, pero el entonces monarca, Carlos Ortiz, y quienes lo representaban, la rehuyeron en todo momento, y fue hasta varios años después cuando llegó el anhelado combate, pero por el título welter, contra el norteamericano Curtis Cokes.

Fue George Parnassus, El Griego, como lo llamaban por su origen, quien promovió el encuentro en el Forum, de Inglewood, y era tal la calidad de Nápoles, que entre las cuerdas sucedió lo lógico, lo que tenía que suceder. El hombre noqueó al texano Cokes en el round 13, y conquistó la corona mundial de la división mencionada.

En México esa victoria fue festejada como pocas, pues Nápoles se había convertido en un ídolo; se había adaptado a nuestras costumbres y estaba obsesionado con ser mexicano, lo que obtuvo un día después de haberse coronado, pues el entonces presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, se lo concedió.

Cuando regresaba de California, tras 24 horas de haberse convertido en el mejor welter del planeta, en el aeropuerto mismo de nuestra capital, se presentó un empleado de la Secretaría de Gobernación y le entregó a este superestrella del boxeo su carta de naturalización, firmada por el ya mencionado primer mandatario.

Vinieron después los días de gloria deportiva y dinero para José Ángel, su revancha con la vida, y los mejores momentos de toda su existencia.

Enfrentó a los notables de su época; elementos de EU, Inglaterra, Francia, México, y casi siempre ganó. En el intermedio sufrió una derrota frente al estadounidense Billy Backus, por cortes en ambas cejas. En la revancha se dio el resultado lógico: Nápoles lo destrozó y reconquistó el cinturón.

En su récord de 87 victorias, 54 de las cuales fueron por nocaut, por sólo siete derrotas, destacan los nombres de Emile Griffith, Hedgemon Lewis, Ernie López, Adolph Pruitt, Horacio Saldaño, Armando Muñiz, Ralph Charles y algunos más.

Pasó el tiempo, el campeón tuvo algunos descuidos, pareció perder interés por su oficio, también se alejó más de lo conveniente del gimnasio, y llegó al final de su carrera el 6 de diciembre de 1975, cuando perdió la corona con el británico John Stracey, en la Plaza México. Fue la fecha en que terminó su exitosa carrera, en la que tuvo mucho que ver como consejero, su amigo y compadre, don José Sulaimán, como sucedió con el actual presidente del CMB, Mauricio Sulaimán, quien lo atendió siempre durante su retiro.

Otra gran ayuda que recibió Mantequilla fue el programa Ring Telmex-Telcel, bajo el liderazgo de don Carlos Slim, quien le otorgó una pensión vitalicia y los servicios del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Ahora, el Consejo Mundial de Boxeo y el deporte en general están de luto, por la partida de uno de los mejores pesos welter de todos los tiempos, y una de las personas más queridas en este deporte.

 

Por: Víctor Cota

abr

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