Liga bananera

Cuando tuvo la oportunidad de crecer, la Liga Bancomer MX terminó por hacer un ridículo monumental en el caso de la pantalla gigante del Estadio Jalisco


En un futbol plagado de amiguismos, cochupos y corruptelas, no es de extrañarse lo ocurrido el pasado viernes en el Estadio Jalisco, donde no pudo llevarse a cabo el Atlas vs. Tigres correspondiente a la Jornada 8 del Apertura 2017. ¿El motivo? Una pantalla circular gigante, de 360 grados, pendía a escasos ocho metros del medio campo, imposibilitando por razones obvias la realización del cotejo, pero como en este país reina el pacto de caballeros y todo se arregla en lo oscurito, las directivas de rojinegros y felinos se pusieron de acuerdo para reprogramar el partido, dejando, de paso, en absoluto ridículo a la ya de por si alicaída Liga MX, con todo y el bonachón de Enrique Bonilla de por medio.

Si en este país se respetaran los reglamentos (los dueños de los equipos firman un Reglamento de Competencia antes del inicio de cada torneo), Tigres tendría que haberse hecho de tres puntos en automático y ganado el partido en el escritorio. Pero resulta que el Atlas tiene problemas de descenso y esas unidades podrían significar su salvación.

El Reglamento es claro: Sólo por causas de fuerza mayor (tormenta eléctrica, huracanes, temblores, etc.) puede reprogramarse un partido. Por ende, el error de la directiva del Atlas, no justifica la reposición del partido. Las explicaciones de Gustavo Guzmán fueron ridículas. Culpó del numerito al proveedor que instaló la pantallota. ¡Ojo! Hubo fecha FIFA y tuvieron tiempo de sobra para instalar de manera correcta, en tiempo y forma, el colosal artefacto.

Igual, peca la cándida directiva de los Tigres. Hoy por ti mañana por mí, siempre y cuando no afectes a mis intereses deportivos. ¿Y cómo le van a hacer si quieren jugar en fecha FIFA el partido suspendido? Tigres aporta cualquier cantidad de jugadores a diversas selecciones… En fin, ellos se entienden.

En el país del no pasa nada, pasa absolutamente de todo. Si la clase política está medio podrida, así como el tejido social, ¿qué podemos esperar de este minúsculo divertimento que es el futbol? Vamos, hasta el Estadio Jalisco fue clausurado por poner en riesgo la integridad física de muchísimas personas y ni así la liga se inmutó, pues, total, a mí lo que me importa es el negocio y como Poncio Pilatos, me lavo las manos. Que se arreglen entre ellos (los equipos) y volteo pa’ otro lado. Total. ¿Qué puede pasar?

Cito un tuit de mi admirado Roberto Gómez Junco: Un peculiar futbol mexicano, con pantallas que no se levantan y Reglamentos que no se respetan. Ni más ni menos.

Si nuestra liga aspira a ser de excelencia, a figurar entre las primeras 10 o 15 del mundo, debe ser más cuidadosa en sus procedimientos. Infraestructura hay; estadios de primer mundo y equipos competitivos. Lo que hace falta es seso y voluntad para abandonar la zona de confort. Mientras todos sean cuates y las televisoras sigan mandando sobre la liga y la FMF, seguiremos estancados en la mediocridad. Tan sencillo como eso.

Columna anterior: ¿Por qué Morante?

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