La cobertura de la tragedia

En esta ocasión, los medios de comunicación funcionaron en todo momento, pero en un tiempo de implacable competencia

Quiero expresar en estas líneas mi más sentido pésame a quienes perdieron a algún integrante de su familia, amigo o compañero de trabajo, por la caída de edificios durante el terremoto del martes. A quienes perdieron su casa, su patrimonio, mi más profunda solidaridad. Para todos un fuerte abrazo que consuele, que tranquilice, en esta nueva prueba que nos pone la vida y la naturaleza.

Otra vez el 19 de septiembre, no hay antecedente en la historia del mundo de que una ciudad como la Ciudad de México haya recibido el castigo de dos terremotos en la misma fecha con 32 años de distancia. Para muchos, el 19 de septiembre ya es considerada una fecha maldita para México.

Pero más allá de los calificativos, debemos comprender que estamos ante una tragedia humana, una tragedia familiar. El terremoto de 7.1 grados en la escala de Richter nos deja muchas lecciones que ahora corresponde a nosotros asumir e integrar a nuestra vida.

El terremoto que también causó devastación en Morelos, Puebla y Guerrero nos enseñó lo vulnerables que somos como especie. Ante una ensoberbecida sociedad, este terrible movimiento telúrico nos demostró que no vale ni el dinero, ni la tecnología; bastan unos cuantos segundos para sumirnos en la edad de piedra sin energía eléctrica, sin comunicación telefónica, fija ni de celular, sin internet.

A diferencia de hace 32 años, la gran cantidad de cámaras fotográficas de los celulares dieron cuenta de una historia de horror que en medios de comunicación por momentos se desviaba del principal objetivo, informar objetivamente del rescate de personas con vida de entre los escombros y ofrecer datos que dieran certeza a una población asustada, impactada, herida.

En esta ocasión los medios de comunicación funcionaron en todo momento, pero en un tiempo de implacable competencia, en donde percibí, con profunda pena, cómo las televisoras competían por la imagen más dramática, más desastrosa, algunos locutores de radio y televisión, incapaces emocionalmente, arengaban frases de terror para demostrar quien lo hacía mejor. Muy vergonzoso. Se olvidaron de que nuestro deber es informar a personas, a seres humanos en shock. Se olvidaron de que un terremoto causa muerte de familiares, amigos y la destrucción de patrimonios.

Se mostró la falta de decoro, la falta de humanidad. Es una crítica que tiene por objetivo el que evolucionemos a una verdadera comunicación humana.

 

Corazón que sí siente

Mas allá de los notables, la sociedad mexicana ya plantea la conveniencia o no, de gastarnos más de 29 mil millones de pesos en la democracia del año que entra. Estamos de acuerdo que la prioridad es atender a los damnificados del terremoto del martes y la reconstrucción de miles de viviendas de los estados afectados. El INE de Lorenzo Córdova no da muestras de vida. Pésima señal.

 

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